Temporada de inmundicias

Caritas sonrientes. Diseños de sonrisa diferidos a 48 cuotas. Pulgares arriba. Gesticulaciones. Abrazos por doquier. Empatía. ¿El niño quedó huerfanito? Ellos lo adoptan. Al menos para la foto. Volantes bajo la puerta. Vallas. Emails. Mensajes de texto nunca solicitados. Invitaciones a conocer los programas. Esperanza. Comienza oficialmente la temporada de inmundicias.

Por donde usted vaya, los verá. Si conduce los verá en sus vallas. Sonrientes, casuales, frescos. Al llegar al semáforo verá a sus esclavos sosteniendo pendones o entregando volantes. Plegables. Papelitos. La celulosa de los árboles convertida en inmundicia impresa. Ni para labores higiénicas sirven esos papeles por ásperos. Si va a pie también los conocerá. En la acera alguien lo detendrá y querrá contarle la buena nueva: por fin ha llegado el elegido por la Providencia. ¡Qué suerte tenemos!

Si enciende la radio, los escucha; si enciende la tele, los ve; si abre YouTube, salen antes, durante y después del video. Si usted no sale de su casa, ni escucha radio, ni ve tele, como yo, no se preocupe: a su casa le llegan. Y si es pobre más rápido le caen. Con sus camisitas remangadas, sus zapatos tenis y sus gorritas deportivas van de casa en casa escuchando las cuitas de la gente. ¿Que a usted se le rebosa la mierda por el sifón cada que llueve? No se preocupe: el dotor va a construir un alcantarillado de 160 pulgadas para que no se atranque con las toneladas de basura que ese pueblo bello tira a diario a las calles. Lo mejor de Colombia es su gente y el Estado te cuida. ¿Ah?

¿Y para la movilidad? Teleféricos, autopistas, puentes, metros y submarinos. ¿Naves espaciales no? Solo si lo reeligen. ¿Y qué hay de la salud? Uff, clínicas por doquier y asistencia gratuita. Cirugía para la gripe y quimioterapia para el mal de ojo. ¿La educación también está en su programa? Desde luego. Diplomas para todos. ¿Ve ese niño que está jugando con sus heces? Tiene pinta de artista, de escultor. ¡Le prometo una beca en La Sorbona! ¿Y alcanza la plata para todo eso? Yo creo que sí. Y si no alcanza el dotor la pone de su bolsillo. Él es así: generoso, desinteresado, amplio, altruista, espléndido.

Si el niño de la casa está lleno de mocos, el dotor lo limpia. Y foto; si la niña está llena de lombrices, el dotor la purga. Y otra foto. Si la abuela está como un vegetal, el dotor le limpia las babas con el puño de su camisa y después la abraza mientras una lágrima pletórica de sentimiento se desliza por su sensible mejillita de burócrata. Y video p’al Facebook. Son la quintaesencia del humanismo. Ellos se conduelen de la tragedia ajena, ¿y saben por qué? Porque ellos son del pueblo y se deben a su gente. ¡En mi casa hay un perrito con sarna! Calma, aquí está el dotor, menos mal vino. Él lo baña, lo peluquea y le drena las glándulas anales. ¿Sabían que el dotor también ama a los animalitos?

Y detrás del dotor va la corte de mamandurrios cargándole la maleta, las carpetas, los papeles… Docenas de papeles, centenas, millares. Papeles y más papeles membreteados, firmados, autenticados, sellados; intenciones, promesas, juramentos solemnes, otrosíes, adendas, borradores, planos, bocetos, un poema sublime de su autoría que dice que allá arriba en aquel alto del cielo cayó una rosa. ¿Y de dónde salen los mamandurrios? Son voluntarios. Cada cuatro años se unen a un dotor y se aferran a él como ventosas a un vidrio mantecoso. Si el dotor gana les da un puestico o un contrato del cual, todos los meses, les descuenta una pequeña parte por hacerles el favor de darles trabajo. Si no gana, se quedan cuatro años cobrando subsidios o reptando de oficina en oficina con una agenda vieja debajo del brazo hasta que les reviente alguna cosita. Eso es lo que producen las universidades colombianas, los templos del saber…

Temporada de inmundiciasBueno, pero… ¿uno cómo sabe si votar le conviene? ¿Cómo así? Usted es como bien güevón. ¿Acaso no ha leído los eslóganes? Ah, esos eslóganes. Son el epítome de la creatividad. El pueblo, los niños, el trabajo, la seguridad, el amor, la familia, la salud, la igualdad, el liderazgo, el progreso o como el que usa el Primer Delincuente de la Nación: ¡El cambio!

Originalísimo. Pero cumplió. Cambio sí hubo. Al menos para él y para sus amiguitos. Antes pertenecían a una banda de secuestradores y asesinos. Se cansaron de matar por amor, se disculparon con gesto compungido y los ojitos entrecerrados y no pagaron un solo día de cárcel. El castigo por fusilar civiles desarmados que no pagaron el rescate fue dejarlos que se pegaran de la teta de los impuestos y no la van a soltar hasta que no esté como una tripa macilenta. Yo los prefería en su primer trabajo. Hacían menos daño…

Lamento no estar en ese bello país de calles entapetadas con botellas, papeles, pañales, recipientes de poliestireno untados de pollo sudado, chancletas, orina y todo cuanto mi pueblo hermoso excreta, desecha y arroja en la vía pública. Lamento estarme perdiendo la cosecha de cucarachas mierderas que solo se da cada cuatro años pero haré lo posible para que me dejen votar en el consulado. Si no es así, al menos me queda de consuelo que mi abuelito, muerto en 1992, saldrá muy temprano a cumplir su deber democrático.

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