¿Cuánto vale el dólar?

¿Cuánto vale el dólar?

Quienes tenemos la dicha de haber nacido en América Letrina estamos acostumbrados a negociar con monedas que, para el resto del mundo, no valen nada. ¿Quién querría cambiar su casa por media tonelada de pesos argentinos? Solo un argentino cambiaría sus valiosos ladrillos por papeles sin valor. Lo mismo ocurre con las otras monedas de la región. Eso lleva a muchas personas a proteger su patrimonio en divisas fuertes como el papel verde de Sam. Sin embargo, ¿alguna vez se habrán preguntado cuánto vale el dólar?


La respuesta rápida sería que técnicamente no vale nada. Resalto técnicamente porque en la práctica sí tiene valor. Con esta divisa podemos intercambiar bienes y servicios en casi todo el mundo. ¿Alguien querría negociar en bolívares? Ni siquiera los venezolanos negocian con su moneda. No obstante, es necesario aclarar que el intercambio de bienes y servicios por dólares, se da por pura y llana confianza pues nada tangible respalda el papel que una de las partes está recibiendo. Para comprender este asunto es necesario aterrizar varios conceptos.


¿Qué es el dinero?

Las personas usamos el dinero todos los días de nuestras vidas. Lo buscamos, lo ansiamos, nos preocupa no tenerlo, y cuando lo tenemos lo gastamos, lo invertimos o lo atesoramos. Empero, muy pocos podrían definir qué es eso que llamamos dinero. Pues bien, el dinero no es otra cosa que un instrumento de cambio. No es un bien que sirva para ser consumido, tampoco se puede emplear en la producción de otros bienes, únicamente sirve para ser intercambiado. Ahora, para que ese bien pueda ser intercambiado es necesario que otros lo deseen. Por ello es necesario que cumpla ciertos requisitos.

Primero, ese bien debe ser fácilmente vendible. Esto quiere decir que su poseedor debe poder intercambiarlo con rapidez. Este requisito lo cumple el dólar a cabalidad. Segundo, el bien de intercambio debe poderse dividir en unidades más pequeñas. Esto con el fin de hacerlo coincidir con el valor del bien intercambiado (coincidencia de escala). Esto también lo cumple el dólar pues con esa divisa podemos comprar, en casi todo el mundo, tanto un yate como un paquete de chicles. En tercer lugar, ese bien debe ser fácil de transportar. Usted podría intercambiar una vaca por ropa pero me temo que no es fácil llevar un bovino al centro comercial. Tampoco es fácil pagar una noche de hotel con 1/16 de vaca.

La cuarta característica es muy importante: debe servir como unidad de cuenta. Esto permite que los precios de los bienes y servicios se expresen en un mismo marco de referencia. Cuando los precios se expresan en una misma unidad, se facilita el intercambio al haber más gente (el mercado) dispuesta a usar ese instrumento.

Hasta aquí, el dólar cumple los requisitos que debe tener un bien para considerarse dinero. Lastimosamente, las otras características no las cumple ni parcialmente. Veamos. Quinta, dificultad de ser producido. Basta una firma para producir otro trillón de papeles verdes. De hecho, durante la pandemia de Covid-19 vimos lo fácil que es producir dinero por toneladas. Si la oferta de un bien, sea cual sea, puede aumentarse con facilidad (bajo ratio existencia/flujo), el valor real de dicho bien es cuando menos dudoso. La sexta y última posición está relacionada con la quinta: escasez. El oro y los diamantes son difíciles de extraer y son escasos. Se necesitan muchas horas-hombre y se corren muchos riesgos para obtener una onza de oro. Los billetes, en cambio, se producen con mucha facilidad. Entonces, ¿cuánto vale el dólar?


Cualquier cosa utilizada como reserva de valor verá incrementada su oferta, pero todo aquello de lo que se pueda acrecentar su oferta con facilidad destruirá la riqueza de quienes lo posean.


Un poco de historia.

Años atrás, después de la sal (salario), el ganado (pecuniario proviene de pecus que significa ganado), las conchas y el vidrio, las personas adoptaron el oro como bien de intercambio. El metal, hasta cierto punto, cumplía todos los requisitos para serlo. Sin embargo, no se llegó al oro por capricho. Otros metales, como el hierro y el cobre, también se usaron como bienes de intercambio pero su abundancia, facilidad de extracción y susceptibilidad a la corrosión les restaban valor.

El oro, en cambio, cumplía (cumple) todos los requisitos. Es difícil de obtener, no se puede aumentar su oferta a capricho;  es duradero (no se oxida), se puede dividir y hasta cierto punto, es fácil de transportar. Inicialmente estos metales se usaron en su estado mineral pero con el tiempo se acuñaron las monedas. Monedas de oro verdadero, plata verdadera y cobre verdadero se usaron como medio de intercambio durante al menos 2.500 años. Hasta que…

La siguiente historia nos pondrá en contexto de lo que ocurrió para que llegáramos al actual desastre monetario. También nos mostrará que los asquerosos burócratas siempre han estado, como los chacales hambrientos que son, al acecho de la riqueza ajena para esquilmarla.

¿Cuánto vale el dólar?
Petrus Claudius Caesar Augustus.

Los romanos acuñaron dos monedas. El denario, que contenía 3,9 gramos de plata y el áureo, que contenía 8 gramos de oro. Esto le dio estabilidad económica a la República en los tiempos de Julio César y al Imperio en los años de Augusto.

Pero llegó Nerón que era como un Gustavo Petro en bata y chancletas. Al Petro romano se le ocurrió que era buena idea rebajar el contenido de oro y plata de las monedas que recaudaba.

Al devaluar la moneda se llenaba los bolsillos pero para mantener a la gleba tranquila les subsidiaba parte de los productos básicos. Pocos se dieron cuenta de que los estaban subsidiando con el dinero que les robaban. Los romanos de antaño eran tan estúpidos como los latinoamericanos actuales. Para mantener a la chusma improductiva y pedigüeña, rebajaron el oro del áureo de 8 gramos a 7,2. El denario también sufrió recortes y pasó de contener 3,9 gramos de plata a 3,5 gramos. El dinero valía menos pero todos estaban felices con los subsidios.

Así pasó el tiempo entre demagogos y cosas gratis. Durante el gobierno de Caracalla (otro Petro barrigón aunque seguramente olía mejor que nuestro amado líder de talla intergaláctica) se hizo insostenible mantener a la enorme masa de parásitos que vivían de los subsidios. ¿La solución? Volver a devaluar la moneda. El áureo pasó de tener 7,2 gramos de oro a tener 6,5 gramos. Una devaluación del 19% con respecto al punto de partida de 8 gramos.

Y así siguieron como cualquier América Letrina. La chusmamulta pidiendo y los demagogos dando y robando. Nadie se daba cuenta de que si no existieran los burócratas, esas cucarachas mierderas, el dinero les alcanzaría para todo lo que les daban y mucho más. Ahora era el turno de Diocleciano, otro humanista que de haber nacido en nuestros días sería sociólogo.

El pobre Diocleciano tuvo que volver a recortar las monedas. Caso contrario, los parásitos le habrían hecho marchas exigiendo sus derechos. El áureo pasó de tener 6,5 gramos de oro a tener solo 5,5 gramos (31% de devaluación). Pero la dicha duró poco. Ante la devaluación, los precios se fueron al alza y al tirano se le ocurrió lo mismo que se le ocurre a todos los chimpancés zurdos que gobiernan América Letrina: el control de precios.

No importa cuándo se haga ni quién lo haga. Esas idioteces infantiles siempre terminan en lo mismo: escasez. Para no alargar tanto la historia, pasemos a que el demagogo de turno tuvo que volver a recortar la moneda. El áureo quedó con 4,5 gramos de oro y el denario apenas tenía un raquítico revestimiento de plata que ocultaba el bronce. 44% de inflación… Cuando nada parecía funcionar se les ocurrió una genialidad digna de Hugo Chávez: cambiarle el nombre a la moneda. El áureo ahora se llamaría sólido. Después vino el fin de Roma como Imperio. Con la destrucción de su moneda, los ciudadanos romanos se convirtieron en siervos de los señores feudales. Justo así ocurrió con el pueblo venezolano.


Aunque los emperadores de Roma intentaron desesperadamente «gestionar» su economía, lo único que consiguieron fue empeorar las cosas. Dictaron leyes con el fin de controlar precios y salarios, así como las monedas de curso legal, pero fue como intentar contener un diluvio. Los disturbios, la corrupción, el desgobierno y una insensata obsesión por la especulación y el juego engulleron el imperio como una plaga. Con una divisa tan poco fiable y degradada, especular con productos básicos se volvió algo mucho más atractivo que producirlos. —Ferdinand Lips.


Recortar la cantidad de oro de las monedas les permitía crear más dinero. Esa era la forma de emitirlo. No era (es) fácil conseguir más oro para cumplir los caprichos del demagogo. Con el oro de una moneda harían dos y todos serían ricos y felices. Eso mismo hicieron en Argentina donde imprimieron tantos pesos que ya no valen nada. Lo bueno es que, gracias a la emisión promiscua, todos los argentinos tienen diplomas… ¡Qué suerte tienen!

+ Gasto público > Emisión monetaria > Devaluación > Inflación > Miseria.

La historia siempre se repite y más cuando se trata de países donde no leen. Lo único que no se roban en América Latina son los libros. De hecho, la mayoría de latinoamericanos son alérgicos a ellos. Tocan un libro y se hinchan. Toca darles Difenhidramina gratis para que no se pierdan esos voticos…


¿Y todo esto qué tiene que ver? ¿Al fin cuánto vale el dólar?

Paciencia. Para saber cuánto vale el dólar primero debemos saber qué representa esa unidad monetaria. Los bancos nacieron para evitar que las personas llevaran el pesado oro consigo. Las personas dejaban su oro en custodia y el banco les daba unos papelitos que certificaban el depósito. Esos papeles se hicieron intercambiables dando origen al papel moneda y, de paso, al patrón oro.

El patrón oro dictaba que todo billete emitido debía tener su respaldo en oro. Usted podría ir al banco, si lo quisiera, a cambiar sus billetes por el metal. Pronto los banqueros —otros insectos aunque menos repulsivos que los políticos— se dieron cuenta de que podían emitir más papeles con el mismo respaldo. Difícilmente todos los tenedores de papel iban a canjear sus papeles por oro. Es la génesis del dinero actual. Más adelante lo explicaré.


El patrón oro fue el medio de intercambio gracias al cual pudo el industrialismo y el capital de Occidente llevar la civilización hasta los más escondidos rincones de la tierra, destruyendo supersticiones y prejuicios arcaicos, sembrando la semilla de una vida nueva y un nuevo bienestar, liberando mentes y almas y produciendo riquezas nunca soñadas. Acompañó el patrón oro al progreso triunfal del liberalismo occidental, que aspiraba a unir a todas las naciones en una comunidad de pueblos libres que cooperan pacíficamente en mutuo beneficio. —Saifedean Ammous.


Pero todo cambió en el año 1914. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, las principales economías abandonaron el patrón oro y adoptaron la moneda gubernamental. De esta forma podían financiar la guerra y el gasto público. Era una derrota para los ciudadanos pero un gran triunfo para los políticos. Un día los ciudadanos tenían dinero convertible en oro y de repente se quedaron con unos papeles feos e irredimibles.

Al día de hoy los bancos centrales siguen teniendo ingentes cantidades de oro en sus reservas pero la emisión de nuevos billetes no adhiere a un patrón de correspondencia con el metal custodiado. En los años 20, la Reserva Federal bajo la dirección de Benjamin Strong, decidió aumentar la masa monetaria provocando una aparente bonanza en los mercados, en especial en el mercado bursátil. El resultado de este disparate fue el crash de 1929 que sumió al país en la desesperanza, el desempleo y la escasez. El coletazo de la crisis se hizo sentir en el mundo entero.

Por estos días es cuando aparece el trastornado Dios económico de los demagogos y bien-pensantes: John Maynard Keynes. Este charlatán tuvo éxito porque sus postulados eran miel para los oídos de los políticos (y los funcionarios, desde luego). Keynes consideraba que las crisis se resolverían a través del gasto público. Esa brillante idea es equivalente a plantear que la tuberculosis se cura fumando diariamente dos cajetillas de cigarrillos. Los postulados keynesianos solo pueden ser tomados en serio por indigentes intelectuales como los que abundan en nuestra América Latina actual. Solo alguien que vea la vida a través de los ojos de los burócratas puede encontrar sus ideas sostenibles.

¿Cuánto vale el dólar?

Las tonterías de Keynes se hicieron dogma. El gasto salvaría el mundo. El ahorro fue proscrito y la emisión se volvió rutina. De esa espiral aún no salimos. Para no ir más lejos, en Colombia actualmente tenemos un presidente keynesiano. ¿Qué podría salir mal?

A mediados de 1944 se dieron los acuerdos de Bretton Woods (New Hampshire). En ellos, las naciones acordaron establecer un patrón dólar vinculado al oro. En pocas palabras, las naciones trasladarían su oro a los Estados Unidos y USA emitiría dólares canjeables (USD 35 / onza de oro). En estos acuerdos también se funda el FMI y el embrión de lo que posteriormente sería el Banco Mundial.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos desmanteló el New Deal (aquí le llamarían Justicia Social, reivindicaciones o cualquier otra rimbombancia cantinflesca) y eliminó los controles de precios. El gasto público cayó un 75% y, contrario a lo sentenciado por el delirante Keynes, la recuperación económica del país fue sorprendente. Esto funcionó bien hasta los años 60 y se le llamo «la época dorada del capitalismo».


Hey marica ya, vamos al grano, ¿cuánto vale el dólar?

Ya voy. Como el bienestar de los ciudadanos es inversamente proporcional al beneficio de los políticos y sus funcionarios, el saboteo llegaría, quién lo creyera, desde las mismísimas hediondas madrigueras de los burócratas. La FED inundó el mundo de dólares creando una bonanza ilusoria (y subsidios, muchos subsidios). Se imprimieron más papeles verdes de los que el oro custodiado podía respaldar. La inflación fue in crescendo y el mundo empezó a desconfiar de la fortaleza del dólar.

¿Cuánto vale el dólar?Las naciones depositarias comenzaron a reclamar su oro de vuelta. Charles de Gaulle, entonces presidente de Francia, envió un carguero militar a Nueva York y repatrió su oro. Lo mismo hizo el gobierno alemán pero no recibieron nada. El oro depositado no podía ser cambiado por dólares sencillamente porque el papel impreso superaba, por amplio margen, las reservas que supuestamente lo respaldaban.

El 15 de agosto de 1971 el presidente Nixon anunció el fin de la convertibilidad del dólar en oro. Una vez más, los papelitos verdes se quedaban sin respaldo. El dólar se devaluó a nivel mundial y eso arrastró a todas las monedas que días antes estaban respaldadas por el dólar-oro de los acuerdos de 1944. Desde entonces, el dólar no ha parado de devaluarse. En 1971 una onza de oro costaba USD 35. Hoy, la onza del metal amarillo, cerró en USD 1.848.

Lo que vino después es sabido. Una constante alternancia de crisis reales y aparentes bonanzas. Tanto las crisis como las bonanzas son causadas por la impresora, bien sea porque se prenda, o bien sea porque se apague. La crisis que vemos hoy, por ejemplo, es el resultado de haber inflado la masa monetaria durante la pandemia. Es cierto que la emisión del 2020 era necesaria pero eso tiene consecuencias.


A ver si cerramos esto. ¿Cuánto vale el dólar? 

¿Cuánto vale el dólar?
Debt to GDP.

Una divisa que no está respaldada por un subyacente, como el oro, en teoría está respaldada por la salud de la economía del país que la emite. El problema está en que la economía norteamericana está tan saludable como una prostituta de Bangladesh. La deuda es impagable y solo se amortiza porque se imprime más. Es decir, la deuda se paga con más deuda.

Hoy en día, un norteamericano promedio no puede conseguir 400 dólares en 24 horas para cubrir una emergencia. El costo de vida es tan alto que un gran segmento de la población devenga lo suficiente para cubrir sus necesidades más apremiantes. Lo único que el dólar representa hoy es una inmensa y creciente deuda. Sabiendo esto, procedo a responder la pregunta central: ¿cuánto vale el dólar? Nada. Realmente no vale nada. No estoy diciendo que no sirva para nada, lea bien, lo que digo es que no vale nada.

Sin embargo, a pesar de no valer nada, sigue siendo un bien de gran utilidad. Mientras el mundo entero lo intercambie por sus bienes y servicios seguirá siendo de utilidad. Las conchas marinas que los colonos europeos usaban como dinero tampoco valían nada. En este punto usted se debe estar preguntando por qué si el dólar no vale nada sigue subiendo. Hoy, por ejemplo, el US Dollar Index (DXY) cerró en 106,17 (la base es 100). La respuesta es muy sencilla: no sube, la que baja es su moneda. Se necesitan 4.100 unidades de pesos colombianos para comprar un dólar que no vale nada. ¿Cómo estarán de cagados los colombianos? El dólar no vale nada y el peso colombiano vale 4.100 veces menos.

¿Y entonces cuánto va a durar? Esa respuesta no la tiene nadie. ¿Cuánto duró la prosperidad de Roma? ¿Cuánto tiempo duró la solidez del florín italiano? ¿Durante cuántos siglos se confió en el besante de Constantinopla? Aún sin valer nada, el dólar sigue siendo un bien de cambio apetecido. Si usted piensa viajar a cualquier lugar del mundo no puede llevar la moneda de su país. Y menos las monedas latinoamericanas que son prácticamente papel sanitario. O viaja con dólares o viaja con euros. Esos cochinos pesos no los quiere nadie.


Conclusiones.

Yo tengo un pequeño ahorro en dólares. Algo así como el 2,5% de mi patrimonio está en esa divisa. No hago trading con eso. No la vendo si se valoriza aunque, eventualmente, acumulo un poco más cuando cae. Para mí es una cobertura y más nada. Si algún día no necesito esa cobertura, y se presenta la oportunidad de cambiar esos papeles por un bien realmente valioso, como una propiedad tangible, lo haré sin problema. También tengo un pequeño ahorro en bitcoins, a pesar de que ese embeleco tampoco vale realmente nada.

Lo único que me llama la atención del bitcoin es que no tiene un banco central detrás. Serán 21 millones de bitcoins y eso es todo. No hay forma de que un burócrata genere nuevos tokens. El tiempo dirá si esos bytes sin valor real logran convertirse en un bien de intercambio.

Tener un pequeño porcentaje en papeles que no valen nada no lo va a dejar en la ruina. De hecho es necesario tener siempre un poco de liquidez. Al final, lo importante es que su patrimonio esté diversificado. Esto se alargó demasiado. Hasta la próxima.

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