Dice un adagio popular colombiano que primero se acaba la aguamasa que los marranos. Lo que quiere decir este aforismo es que siempre habrá tontos dispuestos a darse un tiro en el pie si con eso encajan en la grey. Esto ha quedado más que demostrado en los últimos días con el incomprensible auge de las imágenes estilo caricatura creadas con IA.
Internet no defrauda. La tontoteca en pleno se volcó a facilitarle el trabajo a las corporaciones traficantes de datos y a los gobiernos (siendo los segundos unos simples subordinados de las primeras). Nunca antes el Gran Hermano la tuvo tan fácil como en esta era de enfermitos narcisistas en chancletas. Qué buen momento parar vivir de los bobos.
Cuando estuve en el Blockchain Summit Latam vi una larga fila de idiotas esperando para dejarse escanear sus iris. No podía creer que en un evento de ese tipo alguien no entendiera la gravedad de la estupidez que estaba a punto de cometer. A cambio de entregar voluntariamente su información biométrica única, les daban unas criptomonedas que, al día de hoy, ignoro si tendrán algún valor. Un mercadotecnista más avispado le habría agregado 2 ó 3 tokens al pago y esos pobres zoquetes entregarían hasta el culo…
El iris del ojo, al igual que las huellas digitales, contiene información única y diferente de cada persona. Así como usted puede desbloquear una puerta, autorizar una transacción bancaria o demostrar que no es la persona que las autoridades buscan mediante su huella digital, también es posible hacerlo con su iris. Cuando usted entrega su iris lo que está entregando es una información única, una información que permite individualizarlo por encima de toda duda. ¿Le parece una buena idea?
La importancia del iris podemos ponerla en valores numéricos. FaceID, por ejemplo, tiene una tasa de error de 1 por cada millón de escaneos. El iris, por su parte, según datos de la misma Wordlcoin, ofrece una tasa de coincidencias falsas del orden de 10⁻¹⁴, lo que se traduce en un error estadístico por cada 100 billones de escaneos. Además, la entropía del iris se mantiene de generación en generación, lo que garantiza que esta identificación sea todavía más única. No solo están facilitando su individualización, también están ayudando a crear un archivo de su prole.
Todo está conectado.
Podría parecer que el evento de escanear los iris y la imbecilidad de convertir sus fotos en caricaturas son eventos inconexos y aislados pero en realidad son complementarios. Estos eventos están unidos desde su base. La empresa que escanea los ojos de los sorocos a cambio de bytes sin valor es Worldcoin, fundada en 2019 por Sam Altman, también director ejecutivo de Open AI, es decir de ChatGPT, la IA donde millones de agüevados están intercambiando sus fotos reales por caricaturas feas y sin valor.
OpenAI y Worldcoin han invertido billones de dólares en investigación y desarrollo de infraestructura tecnológica como para que usted crea que sus servicios gratuitos (y no hay tal cosa sobre la tierra) tienen el propósito de divertirlo a usted y a los otros simios contrahechos de las redes sociales. Cada cosa que estas compañías hacen está enfocada en el retorno de la inversión y usted es el producto. Si sumercé tiene más de 6 años no debería tener dificultades para comprenderlo.

Estas empresas invierten sumas inimaginables en salarios, en equipos tecnológicos de última generación y consumen ingentes cantidades de energía y agua en sus procesos de entrenamiento de los modelos. ¿Qué le hace pensar que todo este esfuerzo físico, intelectual y económico se realiza para que usted se divierta convirtiendo las fotos de su abuela mueca en un dibujo?
Si bien los costos reales y totales de estas empresas son inimaginables para las personas del común, sí tenemos algunos datos que nos permiten ponernos en contexto. Según Semianalysis en su publicación del 9 de febrero de 2023, los costos de funcionamiento de ChatGPT se estimaban para entonces en unos U$ 694,444 por día. Dicen ellos también que en 2023 OpenAI usaba 3,617 servidores HGX A100 (28,936 GPU). Si cada uno de estos 3,617 servers cuesta la friolera de U$ 200.000 (aprox), ¿de cuánto estamos hablando? Do the math…
En cuanto a recursos naturales no son propiamente ahorrativos. Generar un texto de 100 palabras en ChatGPT consume, en promedio, 519 ml de agua, casi el contenido de una botellita de las que compramos en la tienda. Si solo el 10% de la población activa en Estados Unidos usara este servicio semanalmente, el consumo anual de agua ascendería a más de 435 millones de litros, suficiente para abastecer a todos los hogares de un estado como Rhode Island, de un millón de habitantes, durante un día y medio, según un análisis de The Washington Post.
La misma interacción anterior de 100 palabras implica un consumo promedio de 0,14 kilovatios/hora (kWh) de energía eléctrica, suficiente para alimentar 14 bombillas LED durante una hora. Si el mismo 10% de los trabajadores estadounidenses usara esta tecnología semanalmente, el gasto anual de electricidad equivaldría al consumo energético de todos los hogares de Washington D.C., durante 20 días.
Según elEconomista.es, los costos de OpenAI para el 2023 podrían ser de U$ 7.000 millones para entrenamiento y U$ 1.500 millones en personal. Los ingresos, por su parte, se estiman en U$ 3.500 millones anuales. Para el año 2024 la situación parece no haber cambiado mucho. Portafolio publicó que para el año anterior las ventas rondaron los U$ 3.700 millones mientras que las pérdidas se mantuvieron en torno a los U$ 5.000 millones.
Todo ese esfuerzo, tanto trabajo, esas inversiones astronómicas y lo peor de todo, esas descomunales pérdidas son para que ustedes se diviertan convirtiendo sus fotos en dibujitos; sí, nene, para eso lo hacen y los gallinazos comen alpiste.
Ponernos en riesgo (a cambio de nada).
Cualquier persona con algo más de 600 gramos de masa encefálica (o sea con medio cerebro) puede intuir los riesgos que supone regalar sus datos únicos a las empresas tecnológicas cuyos modelos de negocios se basan, precisamente, en los datos colectados.
Facebook y Google, por ejemplo, son grandes empresas de publicidad. No venden productos tangibles como Apple, Lenovo o Mierdasoft. La materia prima de esas empresas son sus datos, la mercancía es usted.
No obstante, los datos como su nombre y las ridículas indirectas que tira en sus publicaciones no son suficientes para ganar las fortunas que ganan. Para cubrir los costos y obtener beneficios ellos necesitan conocerlo todo sobre usted. Esto se debe a que los verdaderos clientes de estas empresas, los anunciantes, pagan por sus datos segmentados, esto es, por los datos que concuerden con el perfil al cual va dirigido el producto o servicio que quieren vender.
Una empresa de autos de lujo no va a pagar medio centavo por los datos de las personas que viven en un barrio marginal de Tegucigalpa mientras que una empresa que vende puñales puede hacer una fortuna con los datos de los hinchas de un equipo de fútbol. Así usted sea una persona muy pobre sus datos son valiosos para alguien.
Segmentar esta información de forma manual (humana) es una tarea imposible por tiempo y por costos. Allí es donde entran en escena el algoritmo (el software) y usted (el bobo). Por fortuna para ellos, usted es lo suficientemente estúpido y con cada interacción les entrega la materia prima a cambio del entretenimiento barato que le impide lanzarse a las ruedas de un camión cargado con varillas de hierro para ponerle fin a su absurda existencia.
Con sus búsquedas, sus publicaciones, sus conversaciones y demás, el algoritmo puede inferir su ubicación, su estatus social, su preferencia sexual, su nivel de escolaridad, su ideología, sus gustos, su estado de ánimo y su estado de salud entre muchos otros. Ya lo tenían todo, o casi todo: faltaban sus datos biométricos pero esta semana consiguieron varios cientos de millones.
En otro post enseñé lo fácil que es extraer una huella digital de una simple foto. Eso lo hice con un script de 90 líneas de código. Si me dan el 5% del equipo de Sam Altman les clono hasta las asas intestinales y los suplanto en una ecografía. Ese es apenas uno de los riesgos que están corriendo por nada: la suplantación de identidad.
Si suplantan nuestra identidad para usar nuestra tarjeta de crédito solo debemos bloquear el plástico, cambiarlo por uno nuevo y ya está. Es incómodo pero tiene solución. El problema es si alguien consigue suplantar nuestros datos biométricos en cuyo caso me temo que la solución sería sumergir la cara en un balde con ácido, meter las manos en una moledora de carne o sacarnos los ojos con una cuchara. ¿De qué otra forma podríamos demostrar que no cometimos un delito si nuestras huellas digitales, nuestros rasgos faciales o nuestro iris nos ubican en el lugar de los hechos?
El segundo riesgo que veo es la vigilancia masiva. Gobiernos, aeropuertos, corporaciones, autoridades, cualquiera con los recursos suficientes podría comprar nuestros datos para entrenar sus sistemas de vigilancia. Esto crearía un dossier de cada uno de nosotros que incluiría cuándo y dónde estuvimos, con quién, qué hicimos, qué comimos, de qué hablamos, individuos desprovistos de cualquier privacidad. ¿Se trata de que ocultemos algo? No, se trata de que tenemos derecho a no ser unos putos animales de exhibición.
Para terminar me atrevo a advertir cuál será el siguiente paso. En semanas o meses saldrá un nuevo jueguito que consistirá en que cada tont@ de Internet regale 10 segundos de su voz para que la IA a cambio se la ponga a un dibujito animado que puede ser una tortuga, un perrito o una cucaracha que baila reguetón. Los pendejos se divertirán como nunca, dejarán de lado por unas horas la idea de ahorcarse con una sábana y las empresas se harán con las características fonéticas y los patrones vocales de medio mundo. Todo esto es tan predecible y tan preocupante…