La autoayuda es mierda inaportante. Basura pseudopsicológica que alimenta la ya de por sí escandalosa mediocridad de los lectores y llena, con probada generosidad, las cuentas bancarias de sus comercializadores. No obstante, sí hay libros de superación personal serios, constructivos y transformadores. No son aquellos que encabezan las listas de los más vendidos. De hecho, casi siempre se trata de tesoros que han sido sepultados por el paso del tiempo.
Que si despiertas a las 5 am serás invencible; que tu depresión se debe a un trauma que heredaste de tu bisabuela; que si le entregas tus problemas al dios de la leucemia todo se resolverá. Mierda, mierda y más mierda. Palabritas bonitas con las cuales los puer aeternus evitan enfrentar la realidad caótica y cruel.
Pero la realidad no es bonita ni fea. Es lo que es y ya está. Si tienes lupus lo tienes y ya. No importa si no lo crees, no importa si eres buena persona, no importa si comías sano y ayudabas a los ancianos a cruzar la calle. Tienes lupus y punto. Vive con eso, vive así pues es lo que hay. Dios no te va a quitar el lupus porque lo más seguro es que el tipo no existe y, en el hipotético caso de que existiera, fue él quien te lo puso pues, según dicen sus insoportables prosélitos: no se mueve la hoja de un árbol sin su consentimiento.
La diferencia entre los libros de autoayuda y los libros de superación personal estriba en que los primeros, los papeles higiénicos de autoayuda, edulcoran la mierda para que el lector se engañe creyendo que la vida es una deliciosa papilla de frutas mientas que los segundos, los de superación personal, te dan la ñola a cucharadas y sin compasión.
José Ingenieros no nos decía que somos divinidades. Nos decía la verdad: que somos unos animalitos naturalmente mediocres. Que somos mamíferos perezosos, mezquinos y facilistas. Cualquiera que tenga en su biblioteca un libro titulado como «Las 7 Leyes Celestiales de la Pendejada» confirma con creces sus indiscutibles afirmaciones.
La autoayuda existe porque los mediocres e incapaces quieren pasos, recetas y secretos pero no hay tal. No hay secretos para llegar a la excelencia. A ella se llega a partir del autoconocimiento y la metodología individual porque mi realidad es diferente a la suya. Es a partir de nuestras particularidades que podemos crear las estrategias que nos sacan del adocenamiento pero primero debemos conocernos.
Por eso he decidido (para el próximo año) incluir en la zona de Descargas una sección de libros de superación personal. Aquellos libros que sin importar el paso de los años, a veces de los siglos, contienen la sabiduría que necesitamos para, repito, primero conocernos y después superarnos. No mierda transigente y consolante. No. Todo lo contrario: cachetadas implacables que nos saquen del largo sueño embrutecedor y nos lleven al crecimiento.
