De vez en cuando recibo cartas de los lectores de mi blog. Bueno, cartas no, emails. La mayoría escriben simplemente para saludar o para agradecerme por haber puesto el enlace a un libro que querían leer. No es muy frecuente pero cuando ocurre (casi siempre) es una sorpresa agradable.
Pero ayer recibí una carta diferente y por diferente me refiero a una reprimenda. Una persona (supongo) me escribió para interpelarme por algunas cosas que he escrito en mi blog. Su breve pero concisa epístola es digna de estar en mi próximo libro: Antología de la Estulticia. Veamos dicha carta respetando la identidad de su remitente:

Contundente. Rotundo. Aplastante. Demoledor.
Respuesta pública.
Estimad/a/e/i/o/u lector/a/e/i/o/u
Cordial y respetuoso salude,
Mentiría si te dijera que lamento que mi humilde blog te produzca asco. Mentiría también si te dijera que me alegra cuando mi blog gusta. Que mi pequeño rincón personal guste o disguste es algo que no depende de mí sino de la estructura psíquica y de las convicciones muy personales de quienes lo visitan.
Ahora bien, yendo al punto exacto de tu queja quisiera aclarar algunos aspectos que acto seguido pasaré a enumerar:
Primero. Lo que tú llamas colectivos históricamente marginados no son tal. Los verdaderos colectivos históricamente marginados han sido las personas afro, los judíos, los leprosos, los discapacitados y medio centenar más de comunidades y gentes que son excluidas del tejido social por condiciones que escapan a su albedrío.
A quienes tú te refieres en tu airada misiva es a personas que por voluntad propia decidieron que no son lo que son. Y está muy bien. Son libres de percibirse como les cante pero no son libres de obligarme a tratarlos como ellos se perciben en contravía de mi sentir.
Porque supongo estaremos de acuerdo en que si alguien se percibe perro no puede obligar a un veterinario a castrarlo, ¿cierto? Bueno, pues es lo mismo: el hecho de que un hombre se perciba mujer, se haga llamar Andrómeda Smith a pesar de llamarse Néstor Chitiva Quispe y se vista con faldas y tacones no hará que lo trate como a una dama y lo salude de beso. No va a pasar.
Profundicemos un poco en eso. Así como una persona que se cree perro no necesita un veterinario, un hombre que se cree mujer no necesita un ginecólogo. Ambos necesitan, eso sí, un psiquiatra. Estaremos también de acuerdo en que una persona que todo el día hace sonidos estentóreos porque se percibe como un motor Diesel debería recibir cuanto antes asistencia médica en salud mental. ¿No es el mismo caso del hombre de voz grave que todo el día imposta el habla y se esfuerza por sonar femenil?
Segundo. Tu concepto de marginación es en realidad una objeción a nuestra libertad. Néstor es libre de vestirse de mujer y de hacerse llamar Andrómeda Smith pero yo soy libre de no contratarlo en mi negocio. Y no lo contrato porque así como un día decidió que ya no es hombre sino mujer, temo que otro día despierte sintiendo que ya no es vendedor sino gerente. Contrataré en mi nómina a personas que sepan lo que son. No lo estoy marginando, solo no lo estoy eligiendo. ¿Puedo elegir?
Tercero. De la mano de marginación usas las palabras derechos, lucha y dignidad. Hablemos primero de los derechos. ¿Cuáles derechos naturales les han sido vulnerados? ¿El derecho a la vida? Me dirás que a les chiques trans los asesinan por ser trans pero eso no es tan cierto. En mi país, por ejemplo, cuando eso ocurre es casi siempre porque se dedican a la prostitución y en el marco de sus labores se involucran en drogas y en otros delitos como el hurto (a sus clientes). La violencia no se causa porque sean mujeres con pene, se trata, casi siempre, de venganzas, riñas callejeras y ajustes de cuentas.
Me dirás entonces que ese colectivo se ve abocado al trabajo sexual y eso, lo admito, es parcialmente cierto. Parcialmente porque lo que en muchos casos ocurre es que en un trabajo convencional no ganarían lo suficiente para cubrir los costos de su oneroso estilo de vida. Las hormonas que usan para, en vano, dejar de ser lo que son cuestan mucho dinero. Nuevamente se trata de una elección: quieres inyectarte esos productos pero yo no puedo pagarte de acuerdo a tus deseos sino acorde a tu productividad. ¿No te sirve lo que pagamos aquí? Entonces quizás debes buscar otro trabajo.
Aquí sé que jugarás la carta del Estado. Papito Estado que todo lo puede. Dirás que el Estado debe garantizarle a esas personas los tratamientos médicos para que se conviertan en lo que sienten que son (y si de verdad lo fueran no tendrían que convertirse en nada) pero nuevamente te equivocas. El derecho a la salud debe brindarte la asistencia necesaria para que lo que funciona mal funcione bien. Si tus riñones funcionan mal tienes derecho a recibir diálisis, si tu corazón funciona mal tienes derecho a recibir un marcapasos. Pero los cuerpos de tus amigues funcionan bien (sus mentes no tanto).
Tus amigues, en cambio, tienen el pene donde debe ir el pene y les sirve para lo que sirven los penes. Tus otres amigues tienen los senos en donde deben ir los senos y, si sus hipófisis descargan prolactina, por sus pezones saldrá leche. ¿No les gusta tener penes y senos? Pues quítenselos pero no con el dinero que a los contribuyentes les cuesta tanto esfuerzo ganar. Ese dinero de los contribuyentes dejémoslo para construir infraestructura, saneamiento básico y demás cosas que en verdad redundan en el bien común, no para tus caprichitos dismórficos.
Después mencionas la lucha que, según tú, esas personas dan. Aquí debo decirte que tenemos un problema semántico. William Wallace era un luchador. José Antonio Galán era un luchador. Ambos dejaron su sangre sobre la tierra luchando contra enemigos feroces. Lo que hacen tus amigues, es decir sacarse el pene en una marcha y zarandeárselo como si fuera una lombriz muerta, no creo que clasifique como lucha. Puedo equivocarme pero creo que Martin Luther King nunca mostró las nalgas en sus manifestaciones y Marie Curie no se ganó un lugar en la ciencia por meterse un extintor por el ano.
Y rematas con la dignidad que todos, incluso tus amigues, merecen. Claro que todos merecemos dignidad pero para ello primero debemos ser dignos. ¿Cuál dignidad esperan recibir si entran a una iglesia mostrando las tetas y con una cruz de hule metida entre el orto? No soy una persona creyente y sé que la iglesia católica ha causado daños inenarrables pero no voy a perder mi propia dignidad entrando empeloto a una eucaristía esperando que la feligresía me trate con deferencia. ¿Cuál dignidad esperan recibir si se paran desnudos en una esquina y le hacen sexo oral a los borrachos en las bancas de un parque? ¿Por qué esperan recibir de otros algo que ni ellos mismo se procuran?
Cuarto. Por último déjame darte tranquilidad con respecto a la audiencia de mi blog. Pierde cuidado, esto es algo muy pequeño y tiene pocas visitas. Con decirte que la mayoría de blogueros no me enlazan en sus sitios porque son biempensantes y refractarios a lo obvio como tú. En los directorios mis posts desaparecen por arte de magia del feed y las personas que llegan por buscadores vienen buscando libros y otros asuntos, no mi opinión personal.

Para cerrar te dejo una imagen que de seguro te va a encantar. Es uno de los tuyos luchando como lo hiciera Leónidas I en las Termópilas. Puedes solazarte en ella y admirar a tu valeroso guerrero. Dejo los comentarios abiertos durante 48 horas por si quieres honrarme con tu respuesta.

dejame en paz maldito facha!!!!!!!!!!!
Cálmate Néstor, por favor cálmate. Solo tienes 46 años, eres muy joven para preocuparte tanto.
Deberías pensar en abrir una sección de “cartas de lectores” esta contestación me hizo el día.
Me gustaría pero en los casi 5 años que lleva al aire este chiquero es la primera vez que me escriben algo así.
jajaja que tienes contra el pobre nestor? ya lo habias nombrado en otro post
JaJa, Néstor es el personaje del post La Tragedia Griega, un mastodontito indignado, una criaturita de 600 meses que va con su mami a hacerse la citología.
El hecho que a este chique no le haya gustado tu blog es absolutamente normal, lo que uno no entiende, es por qué siguen aquí? Por qué se preocupan por leer cada palabra que sale de tu astucia, que a manera personal tanto admiro, y que para la desgracia del chique llorón(a), también comparto.
Tomarse el tiempo de escribirte ya me hace pensar que es un activista de teclado, pero que sus «luchas» no van más allá de donde su papito pensionado logra costear.
Querid@ amigue, por favor deja de leer lo que te ofende y déjanos este espacio de libertad e inteligencia real a quienes lo apreciamos, andas sobrando en este espacio y tus quejas no pueden producir más que risa y un profundo «con un condón se hubiera podido evitar»
Aunque estas en tu libertad de comentar, pero ve a quejarte donde a alguien que le interese, los buenos lectores aquí presentes, tu opinión la usamos de papel higiénico… Y eso que creo que quedaríamos más limpios si nos paramos del excusado sin usarla.
Pero más pendejo yo que me pongo a responderle.
Oye pero era responderle no barrer el piso con ella 😀
Teniendo en cuenta la beligerancia del correo, creo que fui muy formal.