La Cuba que conocí

La Cuba que conocí hace una década no difiere mucho de la Cuba actual. No es un país detenido en el tiempo, como dicen muchos. Es más bien un país aporreado por el tiempo y saqueado por una casta voraz que nunca se llena. Casta que sigue allí porque, entre otras cosas, es avalada por intelectuales y académicos del mundo entero que no pueden (o no quieren) admitir su error.

Viviendo en la fantasía.

Desde muy chico leí todo lo que se me cruzara sobre Cuba. Era el tipo de literatura que abudaba en mi hogar. Marx, Engels, Lenin, Mao, Gramsci, eso era lo que había en mi casa y eso era lo que leía. Biografías, ensayos e historias pero todos de izquierda. Zurdismo empobrecedor que durante años creí a pie juntillas y que me costó mucho, muchísimo, desaprender.

Recuerdo que leí infinidad de libros sobre la revolución cubana. Mientras leía imaginaba que era yo quien iba en el Granma cruzando el río Tuxpan en México hasta salir al mar para luego navegar hacia Niquero en el oriente de Cuba y desembarcar con mis 82 compañeros en el manglar de Las Coloradas. Una vez en tierra, o más bien en lodo y mangle, tomaba mi M1 Garand .30-06 junto a Camilo, el Che, Almeida y otros y nos adentrábamos en la manigua buscando la salida a la sierra y perdiendo en el camino a más de la mitad de mis compañeros de incursión.

Entre más leía más aumentaba mi fantasía. Era yo quien subía al Pico Turquino y de allí salía para El Uvero a apoyar a mis compañeros en el primer combate de importancia. Me veía a mí mismo entrando en contacto con los compañeros urbanos mediante correos humanos y contrarrestando la propaganda oficial a través de Radio Rebelde. Me llegué a ver frente al tren descarrilado en Santa Clara y rindiendo a las tropas oficiales del malvado Batista.

Pero todo era pura mierda. Pura y física mierda. Si bien algunos de esos eventos ocurrieron, es bien sabido que fueron tergiversados y exagerados por el régimen para darle categoría de epopeya a situaciones que no pasaron de ser simples escaramuzas. Para la muestra tenemos, precisamente, la batalla de Santa Clara. La historia oficial nos dice que en una operación intrépida y audaz, 300 hombres bajo el mando del Che Guevara se enfrentaron a las tropas oficiales, los vencieron y se tomaron un tren militar que transportaba armamento.

Eso fue lo que escribieron en un centenar de libros pero hoy sabemos que tal cosa nunca ocurrió. Sabemos que las tropas de Batista no quisieron pelear pues a través del coronel Florentino Rosell negociaron con Guevara su rendición y le entregaron el tren a cambio de U$ 350.000. Rosell viajó a Miami con el botín, muchos de sus subalternos fueron fusilados y el régimen tomó muy buenas fotos de su triunfo.

Y así como esa fueron miles las mentiras que terminaron convirtiendo una isla, otrora bellísima, en la Cuba que conocí: una isla-cárcel miserable, lúgubre, sucia, con su arquitectura en ruinas, con una población resignada y sin esperanza, adoctrinada, manipulada, vigilada, castigada, cohibida, castrada… Un verdadero infierno donde todos tienen miedo de hablar pero también donde todos responden a las preguntas con gestos tan claros que permiten inferir sin equívoco las respuestas.


Breve anécdota de la Cuba que conocí.

Un día mientras caminaba por La Habana vieja junto a un personaje local éste me dijo algo como: «¿Sabías que en Cuba los cubanos tenemos derecho a visitar un hotel de lujo donde nos dan comida gratis, alojamiento y hasta masajes». Les respondí que no lo sabía a lo cual él replicó: «Claro que sí, asere, de hecho estamos cerca. Sigamos caminando y ya te muestro el hotel de nosotros los cubanos». Seguimos caminando y al cruzar una esquina señaló una edificación con el dedo y dijo: «Mira, ese es el hotel al que todos los cubanos tenemos derecho».


La Cuba que conocí


Pero lo que mi acompañante me señaló con el dedo no era un hotel. Era una cárcel. Acto seguido se echó a reír y remató: «Y lo único que tenemos que hacer para entrar a ese hotel es pensar diferente o llevarles la contraria». Fue en ese momento en que me di cuenta de que todo lo que me habían dicho, todo lo que me habían enseñado y todo lo que había aprendido acerca de la isla y del socialismo era pura y física mierda.

Bastaron una breve caminata y una conversación casual para, y parafraseando al Che Guevara, despertar del largo sueño embrutecedor al que me sometieron.


Las (verdaderas) causas de la miseria.

Los carceleros y sus cómplices apostados en países libres alrededor del mundo culpan al bloqueo de todos los males de la isla. Pero en la Cuba que conocí la gente de a pie, la gente sin poder político, tiene muy clara cuál es la verdadera causa de sus males.

Y la verdadera causa no es otra que el sistema político y económico que los gobierna. No hay otra causa. Por supuesto que el embargo económico les impone limitaciones como lo hace cualquier embargo comercial pero Cuba no es una isla bloqueada en el sentido estricto de la palabra. Bastante mercancía bloqueada vi en las tiendas donde solo podemos comprar los extranjeros que llevamos divisas.


La Cuba que conocí


Porque no fue el embargo quien confiscó más de 58.000 pequeñas empresas de los cubanos durante la ofensiva revolucionaria (bonito nombre para el saqueo). No fue el tal bloqueo el que le impidió a los cubanos durante medio siglo emprender por cuenta propia para ganarse la vida resolviendo los problemas de su comunidad; no fue el bloqueo quien creó un monopolio de contratante único (el Estado) donde gracias a ello es el pagador y no el mercado (competencia) quien decide cuánto se debe pagar por una labor. Sí hubo un bloqueo pero fue el que ejercieron los dirigentes contra su propio pueblo.

El dichoso embargo no le impidió al régimen cobrar jugosos emolumentos a la URSS durante 30 años. ¿Qué hicieron con ese dinero que superaba con amplitud al destinado al Plan Marshall si hoy vemos que (casi) todo está en ruinas? Tampoco les impidió el embargo parasitar durante 20 años a Venezuela. ¿Qué hicieron con ese petróleo si hoy sabemos que su infraestructura energética sigue siendo la misma de los años 70? ¿Acaso fue el embargo quien le impidió a los cubanos durante medio siglo pescar, tener botes a motor, entrar a los hoteles o visitar muchas de sus playas?

Y otro punto muy curioso del cacareado bloqueo es que este no ha hecho mella en los dirigentes. La casta que vive en el exclusivo barrio Miramar y zonas aledañas a la Quinta Avenida no parece muy afectada por el bloqueo. Autos cero kilómetros (y no propiamente chinos o norcoreanos), centros comerciales donde se venden, en moneda supuestamente prohibida, artículos supuestamente bloqueados; bares y restaurantes de lujo de propiedad de los hijos y nietos de los dirigentes (los nietos del Che Guevara poseen varios porque para ellos no hay restricciones a emprender).


La Cuba que conocí
Mansiones de Miramar.

Las fachadas de las mansiones y edificios de lujo de Miramar no tienen problemas de pintura. Esa pintura no está bloqueada; las calles del exclusivo sector no tienen problemas de asfalto; la energía eléctrica nunca se corta; la Coca Cola fluye a mares; los vehículos Audi, Mercedes Benz y BMW de los residentes siempre tienen gasolina, aceite, llantas y repuestos disponibles; en sus aceras no hay montañas de basura porque para ellos sí hay carros recolectores compactadores (no volquetas viejas o carrozas de tracción animal como las hay para los bloqueados).

Cuba no es una nación miserable por el embargo comercial. Es miserable porque sus dirigentes esclavizaron a su población durante más de medio siglo. Son pobres porque los saqueadores les han dado durante décadas apenas lo básico para sobrevivir. Tres generaciones de esclavos han vivido en Cuba desde que un advenedizo Fidel los convenció de cambiar la libertad individual por el estatismo colectivista y ellos, dichosos, aceptaron entre vítores y aplausos. Algo de culpa les cabe. Mucha quizás.

Esa es la Cuba que conocí y lo más aterrador es que es la misma Cuba que millones siguen defendiendo y admirando al punto que buscan el mismo destino para sus países. ¿Qué se puede esperar de una humanidad incapaz de ver lo obvio?

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J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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