Hoy mientras leía mis fuentes RSS me encontré un artículo de The New York Times en el cual mencionaban un super estudio de esos que cuestan entre siete y diez cifras y en los cuales participan profesionales de incuestionable prestigio. El estudio concluyó que reducir el uso de redes sociales disminuía las síntomas de ansiedad, depresión e insomnio. Deben estar dichosos y orgullosos pues descubrieron el fuego.
Pero eso no había que estudiarlo pues ya lo han hecho hasta el cansancio. En mayo de 2024 escribí un post titulado La selfitis donde cité al menos cinco estudios que concluían lo mismo. O casi lo mismo: que las personas que viven tomándose fotos y compartiéndolas en Internet están a nada de colgarse con una sábana (y transmitir sus últimos estertores en vivo, desde luego).
Yo creo que no hay que ser discípulo de Skinner para concluir que las personas que hacen eso están jodidamente enfermas. ¿Qué otra cosa se podría decir de alguien que todos los putos días sube fotos de sí mismo frente al espejo? Esa patética y lastimera conducta repetitiva (como la del adicto) solo busca procurarse picos de dopamina (como los busca el adicto) que les alivien momentáneamente el insoportable dolor de sus raquíticas autoestimas.
Los investigadores dieron seguimiento a 295 voluntarios, de entre 18 y 24 años, que optaron por tomarse un descanso de las redes sociales. Con instrucciones de evitarlas en la medida de lo posible, en promedio, el grupo redujo su tiempo de uso a media hora diaria…
¿Evitarlas en la medida de lo posible? ¿Qué es lo imposible aquí? ¿Cerrar esa mierda y madurar es lo imposible? De verdad que no puedo con tantas tonterías y tanta condescendencia. Si alguien no puede dejar de revolcarse en la molicie de su propia indigencia mental tal vez sea un desperdicio gastar siquiera $10 en estudios que terminan concluyendo lo obvio. Pónganse a estudiar el Linfoma no Hodgkin más bien.
En general, informaron cambios positivos: en promedio, los síntomas de ansiedad disminuyeron un 16,1 por ciento; los de depresión, un 24,8 por ciento; y los de insomnio, un 14,5 por ciento. La mejora fue más pronunciada en los sujetos con depresión más grave.
Vaya, descubrieron el fuego. Descubrieron que dejar de consumir fake news, amarillismo, catastrofismos y basura woke disminuía la ansiedad. Descubrieron también que dejar de consumir puestas en escena de vidas aparentemente perfectas (perfectas mientras toman la foto) disminuía sus síntomas de depresión y como si fuera poco descubrieron que dejar de compararse con otros y enfocarse en sus propios proyectos les quitaba el insomnio. ¡Quién lo hubiese imaginado!
Mitch Prinstein, director científico de la Asociación Psicológica Estadounidense, que no participó en el estudio, dijo que los hallazgos se sumaban a las pruebas existentes de que, en promedio, “la depresión, la ansiedad y la soledad suelen disminuir” en quienes abandonan las redes sociales durante un tiempo.
¿Durante un tiempo? ¿Y qué tal si le decimos a los heroinómanos que dejen de inyectarse el veneno por un tiempo? ¿Qué tal por seis días? ¡No! Los heroinómanos sí pueden morir durante la abstinencia, los adictos al fentanilo digital no. Los primeros tienen una dependencia física y un transtorno de la conducta, los segundos solo son pendejos patéticos.
Las redes sociales no se abandonan durante un tiempo. Se abandonan para siempre como quien tira unos zapatos rotos pues eso mismo son: basura. Basura digital pero basura a fin de cuentas. No hay forma sana de consumir redes sociales como no hay forma sana de tomar sorbetes de materia fecal. O usted come mierda o no la come, punto. Comerla de vez en cuando no es propiamente la prueba de que goza de buena salud mental.
“La clave sería ver durante cuánto tiempo puede la gente mantener un uso moderado de las redes sociales”, dijo. “Si vuelven a los viejos hábitos, la desintoxicación no tendrá efectos duraderos”.
Y vuelve el artículo con esa perla: uso moderado. Consumir basura pero poquita. Comer mierda pero solo de vez en cuando. No hay razón para decirle a alguien que fume poquito o que tome agua del retrete pero poquita. Las redes sociales no nos aportan nada REAL a nuestras vidas. El escaso contenido valioso que en ellas se comparte se puede obtener directamente de las fuentes evitándonos el ruido, la infoxicación y la manipulación del algoritmo.
El cierre no desluce del resto del artículo: «Si vuelven a los viejos hábitos, la desintoxicación no tendrá efectos duraderos». Lo dicho: descubrieron el fuego. ¿Le habrá costado mucho a los dotores llegar a esa sesuda conclusión?
