Un corazón duro

Los años y la experiencia me convirtieron en una persona de corazón duro. Duro como una puta roca de moissanita. Duro como los callos de las patas de un venezolano que deambula por el continente buscando nuevas naciones para parasitar después de haber destruido su propio país votando, repetidamente, socialismo. Así de duro.

Y no me avergüenza decirlo. No me avergüenza reconocer que casi nada me conmueve. Un animalito herido, maltratado o abandonado me conmueve hasta la médula pero no en una forma que me haga llorar, más bien en una forma que me pone violento contra su agresor. No soporto ninguna forma de maltrato animal pero mentiría, y me convertiria en un maldito poser de Internet, si dijera que el sufrimiento humano me conmueve.

Es verdad. No me conmueve palestina. Sé que lo que hacen los malparidos judíos está mal pero no me conmueve. Quisiera que esos carniceros recibieran el mismo trato que recibieron los nazis en Núremberg, porque se lo merecen, pero la verdad es que no me conmueve. Si me pidieran dar un peso para ayudar a las víctimas, lo daría porque puedo permitírmelo, mas no porque me conduela.

Resido cerca de una avenida donde todos los días muere, al menos, un motociclista. Yo mismo he pasado justo a sus cadáveres fresquitos, sangrientos, destripados, y mi corazón duro no se conmueve. Se conmovía sí, in illo tempore, pero ya no. A lo mejor he visto tantos motociclistas haciendo idioteces que mi cerebro ya interiorizó que quedar bajo las llantas de un camión es tan solo el desenlace natural de su estupidez.

Vivo (la mayor parte del tiempo) en un país donde la guerrilla todos los días se toma un pueblo o lo bombardea con drones y mi corazón duro tampoco se conmueve. ¿No eligieron como presidente a un guerrillero? ¿Qué esperaban entonces? Una nación decente nunca permitiría que la dirigiera un sujeto que perteneció a un grupo que secuestraba personas y, si no pagaban, las mataban. ¿Qué mierdas esperaban que pasara? Tienen exactamente lo que eligieron.

Me siento a almorzar en un sitio donde ponen las noticias y veo que en todas las ciudades de Colombia hay filas interminables de enfermos buscando medicamentos y, una vez más, mi corazón duro no se conmueve. ¿No querían que los políticos manejaran su sistema de salud porque no confiaban en el sector privado? Entonces disfruten la fila, moribundos de mierda.

Yo sigo con mi sistema de salud privado que me atiende en casa con una llamada telefónica. Me cuesta, sí, porque el responsable de cuidarme soy yo, no el Estado. Si lo que usted quiere es que los políticos y sus funcionarios egresados de las universidades públicas, o sea los universicarios, manejen su salud, perfecto, solo no chille cuando tenga que madrugar a hacer fila por un medicamento que nunca llega.

Quizás cuando haya enterrado a la mitad de su familia lo entienda. O tal vez no porque la educación funciona muy bien. Cuando su abuela muera entre dolores y estertores esperando una resonancia magnética posiblemente a usted se le ocurra que fue culpa del imperio. Igual, si usted hace parte de quienes no quemaron las instituciones con los funcionarios adentro, me importa un culo su suerte y la de su abuela mueca.

Una inundación arrasa un pueblo porque los políticos se robaron la plata del dique y mi corazón duro solo logra conmoverse por los perritos y gatitos ahogados. ¿Qué esperaban cuando creyeron que esas lacras podrían resolver el problema? ¿En serio son tan imbéciles para creer que un letrinoamericano se mete a la política por amor al prójimo? Si creyeron esa idiotez su muerte es darwinismo puro y no hay nada que lamentar.

Después veo que la deuda pública está en máximos históricos y no solo me importa un orto: me alegra. Esa deuda la van a pagar los electores de ese hijueputa vía inflación. Yo no. Yo solo pagaré impuestos directos porque en adelante podré convertir todo gasto personal en costos operativos. Es más, a mí la inflación me beneficia porque me indexo al dólar, al oro, al BTC y al SP500 y los dejo viendo un chispero.

Mi corazón duro no tiene patria, no tiene himno, no profesa ninguna ideología más allá de la libertad y el pragmatismo. Mi corazón duro solo es capaz de amarlo si usted no tiene 46 cromosomas. Mi corazón duro solo quiere que cada uno reciba lo que merece. ¿Usted votó por el criminal que tiene la deuda pública en máximos? Entonces ya sabe lo que merece, granhijueputa.


Un corazón duro
Yo.
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J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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