La neolengua orwelliana

En los días tragicómicos que vivimos nos tocó, entre muchos otros males y taras, coexistir con quienes pretender torcer la realidad para que se amolde a sus deseos infantiles. Incapaces como son de ganar sus debates en franca lid, se dieron a la tarea de dinamitar los significados para construir sobre sus ruinas nuevos significantes.

El resultado de este mazacote de disparates es la neolengua orwelliana, la perversión total de los lenguajes con fines politiqueros y propagandísticos. Y aunque los protagonistas de estos ridículos sainetes casi siempre son los chiquillos obtusos de las redes sociales y los jóvenes universicarios, debemos entender que esos pobres diablos no son más que instrumentos desechables utilizados por intereses muy superiores a ellos.

El marxismo cultural —el verdadero arquitecto de la neolengua orwelliana— pretende convencernos de que la verdad es una cuestión de percepción. La verdad, otrora aquello que podía ser demostrable, repetible y contrastable, ahora es algo que puede ser determinado por el individuo de acuerdo a sus creencias sin importar lo absurdas y/o patológicas que estas sean.

Pero en el mundo solo existen tres verdades: la verdad matemática, la verdad biológica y la verdad jurídica. Las primeras dos, incontrovertibles. La tercera, en cambio, muy discutible pero igualmente con efectos reales sobre el ser y la sociedad. Todo lo demás es paja, embelecos y enfermedad mental. Si usted ve una manzana donde hay un limón, no importa cuántos eufemismos de la neolengua orwelliana utilice, la fruta seguirá siendo un limón y usted un imbécil.

Los ejemplos de la neolengua orwelliana son tantos que nos atropellan. Según no pocos blogs y medios de comunicación, el dictador Nicolás Maduro fue secuestrado mientras que lo que hacen las guerrillas colombianas cuando se llevan a un padre de familia y lo amarran a un árbol hasta que su familia venda hasta la última olla para pagarles una deuda que nunca adquirieron es una retención.

El criminal internacional que empobreció a todo un país fue secuestrado (por el malvado imperio) mientras que el padre de familia que con su trabajo ha acumulado un pequeño capital fue retenido (por una guerrilla justiciera). Es la neolengua orwelliana en acción y la fuente de donde emana esta abominación son las aulas de clase. Lo que estamos viendo no es más que el fruto de un crimen llamado, eufemísticamente también por la neolengua orwelliana, educación.

Esto no es un asunto menor. Gracias a que amarrar a un padre de familia a un árbol hasta que la familia entregue su patrimonio no es un secuestro sino una retención es que en Colombia tenemos secuestradores haciendo leyes en el congreso. Esto puede ser difícil de digerir para alguien que conserve algo de decencia pero así es. Como el secuestro, si lo hace una guerrilla, es un delito político, pues los secuestradores no son criminales sino políticos. ¿No es maravilloso el idioma?

Y sobre todo este asunto se aplicaron cientos de reasignaciones semánticas que llevaron a que premiar a los delicuentes con amnistías, seguridad y sueldos del primer mundo le llamaran hacer la paz. Del otro lado estábamos quienes pedíamos que los delincuentes pagaran sus delitos. Para nosotros la neolengua orwelliana también tenía listos sus conceptos: guerreristas y, cómo no, fachos. La ley es la guerra, el crimen es la paz.

Al pervertir los significados lo pervirtieron todo. De esta forma, cuando las víctimas que nunca encontraron justicia en la ley dan con sus victimarios y les devuelven las atenciones recibidas, los medios, cajas de resonancia de la neolengua orwelliana, informan que un firmante de paz fue asesinado. No un secuestrador, un extorsionista o un asesino, no, un firmante de paz, o sea un pacifista. Es así como una lacra que duró décadas destruyendo vidas termina siendo la víctima de unos fascistas intolerantes que no querían ser secuestrados. Es el puto mundo al revés.


Si el líder dice de tal evento «esto no ocurrió», pues no ocurrió. Si dice que «dos y dos son cinco», pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas. —G. Orwell, 1984.


Muchos seguiremos rechazando la neolengua orwelliana y seguiremos llamando limones a los limones y secuestradores a los secuestradores. Puede que sea impopular pero es lo correcto. Adaptarnos a esa nueva realidad enferma nos convertiría en cómplices de los peores criminales y no queremos serlo. Además, tampoco nos necesitan pues para conformar el comité de aplausos de los asesinos ya cuentan con los intelectuales.

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J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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