Intelectuales

Si quieres que una economía se vaya a la mierda, deja que la planifiquen los intelectuales. Ese es sin duda el camino más rápido a la escasez, la estrechez y la indigencia. La historia del mundo está cansada de mostrarnos lo que ocurre cuando estos funestos personajes intervienen en la toma de decisiones que afectan al individuo común.

Lo que ocurre es siempre lo mismo y ya lo mencioné. Cuando los intelectuales, o mas bien cuando sus desvaríos económicos son tenidos en cuenta, el inexorable resultado, es decir la tragedia, no se hace esperar. Después, como si se tratara de un viejo bucle macabro, los mismos intelectuales que causaron la catástrofe encontrarán (siempre en otros, siempre afuera) a los culpables de la desgracia.

No son pocos los intelectuales que apoyaron y siguen apoyando eso que en la academia llaman la robolución cubana que no fue otra cosa que cambiar la hacienda de Birán por toda una isla (habitantes incluidos). Y eso tan solo en apariencia pues si bien es cierto que la primera hacienda expropiada por Fidel Castro fue la de su padre, también es cierto que esta le fue entregada a su hermano Ramón para que, en nombre del pueblo (desde luego), la administrara.

Los intelectuales no ocuparon las haciendas. Ni más faltaba que se fueran a untar de boñiga. Ellos, desde el Olimpo de su inconmesurable sabiduría, dirigían el expolio para solaz de un pueblo imbécil que les aplaudía. El resultado, por todos conocido, fue que el mayor productor de azúcar del hemisferio (por superficie cultivada) poco a poco se fue quedando sin su producto estrella mientras también desaparecían los mangos, el boniato, los chícharos y demás productos que hacían parte de la dieta de los perversos capitalistas.

Similar resultado vivieron los rusos, los ucranianos, los chinos y los camboyanos entre muchos otros que creyeron que los filósofos, pintores y poetas sabían lo que le convenía a la propietaria de un pequeño taller de confecciones. ¿Por qué no habrían de saberlo si ellos leen libros y escriben ensayos? García Márquez debía saber qué era lo mejor para la economía familiar del peluquero, del conductor de microbus y del carnicero. ¿No?

Mientras Stalin mataba de hambre a los ucranianos, en los cafés de París los intelectuales hacían maromas y contorsiones para explicar la hambruna. Así mismo, mientras Mao entapetaba su país con cadáveres famélicos los académicos del mundo elogiaban la audacia económica del tirano que obligaba a un dentista a cultivar arroz para que todos fueran felices.

Y cuando se acababa el trigo, el arroz y el azúcar, amén de la carne, la energía eléctrica y la esperanza, los intelectuales en tiempo récord emitían su infalible diagnóstico: un enemigo interno, externo o ambos, da igual, no permitió que sus brillantes planes llegaran a buen término. Desde su autopercibida superioridad los intelectuales meten a las naciones en los más aterradores aprietos y luego convencen a los afectados de que sus planteamientos eran correctos pero que un malvado enemigo se atravesó y saboteó sus prodigiosos planes.

Hoy Cuba comercia con 82 países del mundo, entre ellos Estados Unidos quien es su principal proveedor de medicinas (y eso que ellos tienen los mejores científicos de la galaxia). La principal (y casi única) fuente de ingresos de Cuba son las divisas, los dólares que envían los traidores que se fueron del paraíso socialista buscando infiernos donde al presionar un interruptor se encendiera una bombilla y donde al girar una pluma saliera, por un tubo, agua potable.

No obstante, para los intelectuales del mundo la oprobiosa miseria cubana se debe a eso que llaman el bloqueo y que, contrario a los hechos demostrables, no fue el bloqueo que hicieron los sátrapas (apoyados por los intelectuales) contra su propio pueblo al despojarlos de sus riquezas para que fueran administradas por los asquerosos e insaciables burócratas. Claro que no, la causa siempre está afuera.


Intelectuales
Mujeres iraníes en 1979 apoyando al ayatolá Jomeini porque el gran intelectual Foucault les dijo que era lo mejor para ellas. Sin duda acertó…

En Colombia, lastimosamente, no fuimos ajenos al perverso influjo de los intelectuales. Fueron ellos quienes desde las aulas convencieron a un pueblo, ya de por sí poco aventajado, de que era buenísima idea ser gobernados por un sujeto que en el pasado fue secuestrador, extorsionista y asesino. El resultado de tamaña bestialidad salta a la vista y será aún más evidente cuando las leyes económicas, tan infalibles como las físicas, incorporen en su haber el fruto de la imbecilidad académica.

¿Son los pueblos víctimas de los intelectuales? De ninguna manera. Todas las naciones arrasadas por la estupidez de estos charlatanes merecen su suerte. Un pueblo que celebra que al zapatero le suban sus costos hasta asfixiarlo para que una casta de parásitos vivan como reyes no merece menos que la indigencia. Y a ella llegarán, sin duda alguna llegarán.

Temas: Libertario, Personal
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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