Leyendo el blog de Matizeta me enteré de una tragedia griega moderna que tuvo lugar en el Fediverso de Mastodon. Fue uno de esos dramas que suelen presentarse cada 6 ó 7 minutos en las redes sociales y que casi siempre tienen como protagonistas a personitas confundidas, inseguras y con mucho, muchísimo tiempo libre para dilapidarlo en tonterías insubstanciales.
Esta vez la tragedia griega fue un salpicón de babas que incluyó lo mejor de la cosecha woke: mujeres con pene, devoradores compulsivos de carbohidratos, chiques deconstruides (aliades), pañoletas verdes, axilas peludas, neologismos bien-pensantes como dogpiling (¿?), pantallazos (el acervo probatorio de Internet) y mucha pero mucha solemnidad.
Según ví en el informe que presentó el admin de la instancia (sí, redactó un informe), todo comenzó porque una usuaria (con ovarios) de otra instancia hizo un comentario que la sensibilidad de les chiques interpretó como discurso de odio. En su comentario la usuaria con cromosomas XX decía, con algo de sorna, que iba a pedir una cita con el urólogo para ver si llevaba toda su vida yendo al médico equivocado.

El comentario es en sí mismo un error de concepto pues el urólogo se encarga de la salud de las vías urinarias y tanto las mujeres biológicas como los hombres disfrazados de mujeres cuentan con ellas. La única diferencia es que la porción final de las vías urinarias de los segundos es un poco más larga y pendulante que las de las primeras (con algo de suerte algún día el admin de la instancia lo descubrirá).
Ese comentario encendió la mecha de lo que a posteriori sería el conflicto bélico más encarnizado que los mastodontitos hayan visto en sus vidas. La Batalla de Stalingrado fue una escaramuza de borrachos al lado de lo que desató tamaña insolencia urológica. Unos y otros se aprestaron a entonar los cantos luctuosos y hasta aquí, en la fría Bogotá, pude escuchar el tableteo ametrallador de sus flatulencias reivindicadoras en pie de lucha.
De poner en duda que los humanos con próstata y escroto fueran mujeres pasaron rápidamente a la «gordofobia», a los informáticos heterosexuales linuxeros y allí, en el reino de la bienpensantía, estalló el pandemonium. Los disparos no se hicieron esperar: ¡Fascista! ¡Opresor! ¡Señoro! ¡Neonazi! ¡Culón! ¡Linuxero! Dios, no haber estado ahí para dar mi vida por la causa…

Como suele suceder en estos macabros enfrentamientos, la pólvora se regó y atizó el fuego infernal. Hasta la IA, instrumento del malvado fascismo capitalista opresor bobesponjista, terminó salpicada. La indignación cundió entre los guerreros de teclado y, sin pensar en las aciagas consecuencias de su temeraria valentía, se esculcaron cada palabra dicha en los últimos años para tomarles captura de pantalla y enriquecer con ellas el peso probatorio de sus quejitas.
Y como quien busca encuenta, les chiques encontraron lo que buscaban. La prueba patognomónica de que los usuarios de una instancia eran fascistas opresores ronaldreaganistas de vieja data estaba allí. Ahora era inocultable que en esa maldita instancia anidaba la vesania y los buenos debían tomar medidas radicales para exorcizar el mal de su jardín bien-pensante.

El 25 de noviembre de 2022 un usuario de la instancia tuiter.rocks comparó a los hombres que se creen mujeres con las personas que siendo humanas se identifican como un chiffonier (con cajones y todo) demostrando así que las reencarnaciones de Videla, Pinochet, Trujillo, Agatha Tronchatoro, Anastasio Somoza y Cruella de Vil caminan impunes entre nosotros.
No me pregunten cómo pero yo tuve acceso a lo que ocurrió en el hogar de uno de los administradores de la instancia ofendida. Lo que verán a continuación es la transcripción literal del audio obtenido por medios non sanctos:
—¡Malditos fascistas de tuiter.rocks! ¡Yo sí soy una mujer!
—Cálmate Néstor, por favor cálmate. Solo tienes 46 años, eres muy joven para preocuparte tanto.
—Pero mamá, entiéndeme, ellos son fachos y debemos cancelarlos.
—Está bien, hije, bloquéalos, pero bájate un poco la falda que te veo los huevos.
En este punto la suerte estaba echada para los fascistas que pusieron en duda la menstruación masculina. Ya nada podía salvarlos del implacable brazo justiciero de los buenos. Sin embargo ellos, magnánimos como son, decidieron darle a los malos una última oportunidad: los, las y les ofensores debían disculparse y comprometerse a nunca más poner en duda sus dogmas.

Pero los malos no se disculparon ni hicieron un acto de contricción pública para reconocer su comportamiento a todas luces fascista heteropatriarcal opresor adolfhitlerista. Por el contrario, utilizaron maniobras distractoras para desviar la atención de su malévola conducta.
Fue entonces cuando los chicos buenos citaron a una reunión de emergencia. A ella asistieron Néstor con sus huevos, la mamá de Néstor para calmarlo si entraba en pánico, un delegado de la Asociación Virtual de Diabéticos e Hipertensos, un chico de 56 añitos que no pierde oportunidad de decirle al mundo que usa Arch Linux y un fediusuario llamado Kernel Asdrubal quien fue a su vez quien dirigió la asamblea con un martillo de hule como el de El Chapulín Colorado.
Tras los saludos y cortesías de rigor nuestros Sófocles y Esquilos del siglo XXI dieron cada uno sus puntos de vista y las respectivas recomendaciones. El concilio no duró mucho pues hubo consenso y unanimidad: los fachos de la instancia neonazi debían recibir la pena máxima: el bloqueo.
Debido a su intolerable comportamiento en adelante no les sería dado nutrir sus vidas con toots del tipo: «mi gata vegana no binarie acaba de parir», «tengo hambre» y «mi mamá me acaba de decir: Néstor, mi amor, apague ese interné y acuéstese ya que mañana tengo que llevarlo al ginecólogo».
Del otro lado la noticia cayó como una bomba atómica. Llanto, sollozos, mocos, convulsiones, desmayos, imprecaciones, abominaciones y denuestos. Muchos no podían creer que les chiques les hubieran aplicado la pena máxima: el bloqueo. Desazón, melancolía, desconsuelo. La principal ofensora no pudo soportar la tribulación y se colgó con su mantita de Winnie Pooh. En su nota de suicidio solo dejó escrito: «las mujeres no tienen pene».
Así terminó esta confrontación que quedará para siempre consignada en los anales de la historia junto a la Toma de La Bastilla, la Batalla de Waterloo y la caída del Tercer Reich.
BTW: toda esta inmensa tontería me ha divertido tanto que terminé sacando (nuevamente) una cuenta en Mastodon: https://col.social/@karniv0re. Vamos a ver cuánto me dura la pendejada esta vez. Espero que no mucho.
