Así como no quiero cambiar mi auto por un caballo, tampoco quiero tener un Dumbphone. También prefiero ir al supermercado a comprar el queso que tener una vaca en mi casa para ordeñarla. Sí, soy de ese tipo de personas que prefieren iluminar su alcoba con energía eléctrica y no con velas.
Minimalismo digital mal entendido.
El embeleco de tener un Dumbphone no es otra cosa que minimalismo digital mal entendido. ¿Quién les dijo que minimalismo digital era volver al pasado? Vivir el minimalismo digital no implica convertirnos en menonitas, implica relacionarnos con la tecnología de una forma racional. Es decir, ser conscientes del uso que le damos a las herramientas disponibles.
La gentecita de Internet siempre queriendo parecer interesantes. «Oh, mírame, no tengo Smartphone, uso un Nokia de teclitas». Es solo postureo como el 101% de las tendencias frívolas que vemos en redes (¡ay! Las redes). Da grima, además, que esas tonterías se esparcen como pólvora precisamente en sitios y espacios diseñados para mantener cautiva la atención de sus visitantes.
Confudir la consecuencia con la causa.
Las redes sociales no causan adicción, la cocaína no causa adicción, el sexo no causa adicción. Confunden la consecuencia con la causa lo cual es equivalente a decir que la tuberculosis es causada por la tos. No se es adicto a, se es adicto a secas. Adicto con preferencia por la cocaína es diferente a adicto a la cocaína porque si la segunda afirmación fuera cierta, bastaría sacar la cocaína de la ecuación para resolver el problema.
Pero no es así como funciona. Si un usuario de cocaína no encuentra la sustancia de su preferencia no tendrá ningún problema en reemplazarla por otra equivalente, en este caso, como el Cristal. ¿Tiene dos adicciones ahora? No, es la misma porque la adicción es una sola y no tiene nada que ver con la sustancia o conducta. Lo que quiero decir con esto es que la adicción no es el consumo, el consumo es el síntoma de la adicción.
En ese orden de ideas no existe nadie adicto a las redes sociales ni al teléfono inteligente. Existen, eso sí, muchos adictos chismosos, vagos, infantiles y frívolos que están interesados más en las vidas de miles de desconocidos que en las suyas propias. ¿Y eso se resolvería cambiando el Smartphone por el Nokia de teclitas? Por supuesto que no, no se resuelve, de la misma forma que no se resuelve el consumo de crack escondiendo el encendedor.
Porque el problema no está en el encendedor, ni en la jeringa, ni en la pantalla. Está en el usuario. Si usted no puede parar de fisgonear la vida de otros el problema no es Instagram, el problema es usted. Instagram es una mierda, sí, pero hay muchas mierdas que yo decido no comerme. Yo sé que allá afuera consigo 2C-B pero no salgo en su búsqueda. ¿Y sabe por qué no consumo 2C-B? Porque no lo necesito.
Ese es el quid del asunto. No cuestione su teléfono inteligente ni maldiga a Zuckerberg. Pregúntese más bien por qué prefiere dilapidar su tiempo, que es su vida, consumiendo la basura inaportante que se publica en sitios hediondos como Facebook. Pregúntese qué papel juega ese consumo en su vida. Si responde con honestidad se dará cuenta de que usted está pendiente del divorcio de Shakira porque quiere posponer el hacerse cargo de su propia vida.
Postureo minimalista.
Como todo lo que se empieza a masificar, el minimalismo digital no escapó al postureo de quienes dan la vida por ser vistos. El espacio que dejaron los verdaderos minimalistas, aquellos que salieron de escena por obvias razones, fue ocupado por los esnobistas: aquellos que desde YouTube, Instagram, X, Facebook y Mastodon nos muestran su nuevo teléfono de teclitas con el cual le plantan cara a los algoritmos…
Y como toda infección que no recibe antibióticos, el esnobismo se regó y ahora nos dicen que minimalismo es tener servicios autoalojados. ¿No tienes tu VPN autoalojada? Entonces no eres minimalista. También que minimalismo es tener el blog en texto plano, escrito en Markdown y, preferiblemente, publicado desde la terminal. ¿Y saben cuándo se gradúa uno de minimalista digital? Cuando tiene su música, sus series y sus películas corriendo en local en una Raspberry Pi. Antes de eso solo se es amateur…
No soy nadie para decir si esas personas son o no minimalistas digitales, pero a juzgar por el enorme esfuerzo que hacen (más que todo por mostrarse), sí puedo decir que son personas con mucho tiempo libre y pocos propósitos productivos. Yo también soy minimalista pero prefiero dedicarle mi tiempo a construir mi futuro y blindar mi vejez.
Vivir el minimalismo digital.
Vivir el minimalismo digital no es salir a medianoche a buscar un teléfono público para llamar una ambulancia. Tampoco es tener un Dumbphone y mucho menos es tener las 9 temporadas de Seinfeld en un disco duro. Vivir el minimalismo digital es usar las herramientas que necesitamos, y que nos hacen la vida más fácil, sin que ellas nos usen a nosotros para beneficio de terceros.
Facebook e Instagram, por mencionar solo dos cloacas, son basura, de acuerdo, eso no admite discusión. Pero Whatsapp, propiedad de la misma compañía que posee las dos basuras mencionadas, es una herramienta de trabajo. No dejo de ser minimalista por usarla, soy minimalista porque la uso para mi beneficio: para enviar y recibir información importante.
Querrán los esnobistas digitales que le exijamos a los bancos, a las inmobiliarias y a otras empresas que nos contacten por Signal pero cuando crezcan y se conviertan en adultos funcionales descubrirán que el mundo no se adapta a sus delirios. Así no funciona, nenes, maduren ya.
Un Smartphone nos permite configurarlo de forma que tal que, con un simple sonido diferencial, sepamos si una notificación es laboral o social, si es importante o puede esperar. No responder de inmediato a cada estímulo como el perro de Pávlov también es vivir el minimalismo digital. Con el mismo Smartphone con el que Juan dilapida su vida viendo reels, Pedro se gana la vida porque el problema no es el teléfono. El problema es que Juan es un idiota.
No quiero tener un Dumbphone porque en el Smartphone donde tengo 47 contactos, mis dos aplicaciones de correo electrónico, mis dos aplicaciones bancarias y mis dos servicios de mensajería también tengo el 100% de mi actividad laboral y económica. Literalmente el 100%.
En ese teléfono donde nunca aparecen reels ni recomendados a seguir tengo escrituras, facturas, contratos, otrisíes, derechos de petición, propuestas, fotos de reparaciones, páneles de cotizaciones de bolsa, graficadores, estados financieros, órdenes de compra o venta, capturas de pantalla de pagos realizados y/o recibidos y un largo etcétera. Soy minimalista digital porque no tengo más de lo necesario y porque yo decido cuándo y cómo usar mi tecnología, no al revés.
