Mea culpa. Sucumbí al tema de moda y terminé viendo en HBO el Documental de Jeffrey Epstein. Me pareció un trabajo bien logrado porque se centró en los hechos históricos y demostrables y no en las idioteces que a diario postean los millones de idiotas enajenados de Internet.
El documental muestra quién fue Epstein desde sus inicios, cómo amasó su poco ética fortuna y algunos de los delitos que cometió. Al menos aquellos que quedaron documentados en investigaciones y expedientes. También muestra las relaciones de alto nivel que cultivó alrededor del mundo y que le permitieron permanecer impune durante décadas.
Lo más escandaloso e indignante del caso Epstein, amén de los abusos sexuales a menores, fue cómo pudo torcer fiscales y jueces para que sus crimenes fueran tratados con generosa indulgencia y sacramental hermétismo. Condenas ridículas que no reciben ni siquiera quienes cometen hurtos de menor cuantía. Básicamente fueron amonestaciones. Una absoluta vergüenza para un país que termina el juramento a su bandera con la frase «… con libertad y justicia para todos».
Cuando una chica dice que fue abusada hay que investigar. Cuando son 40 chicas inconexas las que dicen que fueron abusadas por una misma persona ya es poco lo que puede hacer ese degenerado para defenderse. Pero en el caso Epstein fue al revés: fueron las chicas abusadas quienes terminaron siendo cuestionadas por la fiscalía. La parte acusatoria cuestionando a las testigos que acusaban. Un WTF! monumental.
Al final podemos ver a un forense experto poner en duda, con sobrados argumentos, el suicidio de Epstein. Sencillamente las marcas en su cuerpo no coinciden con la muerte por ahorcamiento pero si encajan perfectamente en la muerte por estrangulamiento. Supongo que este será otro caso cerrado como aquel en el cual unos campesinos que aprendieron a volar avionetas monomotor pilotaron aviones Boeing 767 y con ellos impactaron e implosionaron sendas torres de acero, hierro y concreto.
La contaminación de los idiotas.
El caso Epstein es aterrador. Sus crímenes son execrables y no necesitan la contaminación de los idiotas. Pero lastimosamente los idiotas son mayoría, tienen mucho tiempo libre y, por desgracia, acceso a Internet. Eso ha hecho que un caso tan serio, que debería tenernos hablando del trinomio dinero-poder-justicia, nos tenga hablando de estupideces infantiles.
Ya el caso Epstein no se trata solo de abusos sexuales a menores con la complicidad de los hombres más ricos y poderosos del planeta y el favor indulgente del sistema de justicia. No. Eso quedó en segundo plano. Ahora se trata de pactos demoníacos con entidades paganas como Baal, Astarté o Tiamat. Ahora se trata de sociedades secretas que se reúnen en las alcantarillas a comer carne humana.
Las víctimas reales fueron invisibilizadas. Ellas no importan, sus nombres nadie los recuerda. Ahora lo importante es que si doblamos un billete de $10 dólares en 666 partes podemos ver la imagen de Lucifer con cuernos y tridente.
Ya no se trata de las vidas que Epstein y sus cómplices arruinaron para siempre. Eso ya no da likes. Lo que mueve las interacciones y garantiza los clics es hablar de un tal adrenocromo que, dicen ellos, se obtiene de la sangre de los niños y que, según ellos también, los idiotas, las élites consumen para acrecentar su poder, potenciar su libido y nunca envejecer.
Canibalismo, hematofagia, sacrificios humanos, orgías rituales, conspiraciones. Idioteces, imbecilidades. Los crímenes de Epstein no necesitan agravantes porque lo que hizo es lo más grave que se puede cometer y lo hizo en masa durante décadas.
La frivolidad como norma, la estupidez es el centro de atracción sobre el cual todo gravita. El afán de ser vistos por otros idiotas termina eclipsando a las verdaderas víctimas y pone el foco en teorías absurdas, fantasiosas e infantiles. Qué difícil se hace seguir en este inmenso basurero llamado Internet.
