Así es, el fútbol me importa un culo. Nada. Cero. Un orto sucio de indigente. O incluso menos. Es el vacío absoluto, el vació perfecto: 0 mbar. ¿Quién ganó? ¿Quién empató? ¿Quién hizo gol? Me importa un sieso. ¿Qué más da? ¿En qué me beneficia? ¿Cómo me afecta? ¿Algo cambia en mi vida con el resultado de ese embeleco?
No puedo entender la pasión que genera el fútbol. Puede entender el gusto que alguien tenga por el juego y el deporte pero nunca podré entender que se apuñalen por usar la camiseta de uno u otro equipo. En mi país eso ocurre todos los santos días, todos. Sin excepción. ¿De verdad es algo tan valioso?
Pero el fútbol solo es valioso para quienes están en el negocio. Uff, ese pendejo juego de mierda mueve trillones. Pero es que no son los arqueros, los técnicos o los mediocampistas quienes apuñalan a los hinchas de otros equipos, son los estúpidos aficionados y ellos no reciben nada de ese inmenso negocio. ¿Entonces? ¿Qué tienen en la cabeza esos idiotas?
La respuesta es sencilla: no tienen nada en la cabeza. Nada. Nuevamente el vacío perfecto. No hablemos de homicidio entre aficionados, digamos que ese es un caso extremo. Pero hablemos de los millones de personas que se emborrachan hasta perder el sentido porque juega el equipo de su preferencia. ¿Qué tienen en la puta cabeza? ¿Qué tiene en la cabeza el obrero que deja su quincena en una cantina porque juegan unos pendejos que no lo conocen? ¿Tiene eso sentido? ¿Y ellos tienen el derecho a elegir a sus gobernantes?
Reparemos un poco en esto. No pueden darle un uso razonable a su dinero pero pueden elegir alcaldes, gobernadores y presidentes. De razón no sacamos las patas del barro, ¡si estamos en manos de hinchas! Un hincha del fútbol no debería tener derecho a elegir y ser elegido porque una persona así de seguro creerá en timos como justicia social, redistribución de la riqueza y demás bulos infantiloides que siempre terminan igual: en escasez, dependencia y tiranía.
No digo que los aficionados al fútbol dejen de ser ciudadanos. De ninguna manera. Quiero que conserven su soberano derecho a emborracharse por nada y a matarse a cuchillo por una camiseta. Eso mueve la economía y genera empleo. Lo que digo es que no deberían ser electores pues, teniendo en cuenta las elecciones de vida que toman, no están en capacidad de imponernos formas de gobierno.
Quiero que sigan disfrutando su deporte y sacándose los entresijos a filo de puñal. Eso está muy bien. Es iNdiosincrasia pura. Pero déjennos la responsabilidad de elegir gobernantes a quienes entendemos la inflación, las tasas de interés, el riesgo país, el déficit fiscal y demás variables que nos afectan a todos, incluso a quienes dan la vida por un gol ajeno. Nosotros podemos elegir por ellos y lo haremos mejor.
En días como hoy, días de Mundial de Fútbol, creo que es más urgente que nunca que hablemos de eugenesia.
