(Casi) todos quieren ser vistos

Ayer mientras hacía una fila me dio por ojear algunos estados de Whatsapp y noté que casi todos quieren ser vistos. Nunca abro estados personales porque cuando veo frases motivacionales del tipo Deepak Chopra me dan ganas de enriquecer uranio en mi cocina y volar el mundo en átomos.

Pero ayer abrí algunos estados y ahora no sé si reír por tanta estupidez o llorar por la tristeza que me causan esas pobres almas atormentadas. No me gusta sentir lástima por nadie pero no es algo que pueda controlar, simplemente sucede. Cuando veo eso me dan muchas ganas de abrazar a esa persona, decirle que todo va a estar bien e inyectarlo en la nuca con Pentobarbital sódico para que deje de sufrir.

Breve recuento de los estados vistos.

Confieso que ayer después de ver los estados reí durante dos horas y, posteriormente, me senté en la ducha a llorar en posición fetal. Mientras el agua tibia enjuagaba mis lágrimas, y el golpeteo de las gotas ofuscaba mis sollozos, me quedé dormidito. Por poco me ahogo debido a que con el culo tapé el sifón y el agua subió y subió hasta poner en riesgo mi preciosa existencia. Me desperté cuando el agua inundaba mis fosas nasales, menos mal…

Esta mañana desperté pensando en eso y quise compartir con mis millones de lectores algunos de los estados vistos.

El corredor.

Millones de personas alrededor del mundo salen a diario a correr. Es un hábito sano que heredamos de nuestros antepasados tribales que corrían o morían. En los tiempos modernos correr nos ha servido para mantener nuestros corazones sanos y para huir de los venezolanos cuando vienen por nuestras pertenencias.

Pero este corredor es diferente. A este Usain Bolt viejo y barrigón le importa un culo su salud cardiovascular. Si sus arterias coronarias están taponadas con sendos ateromas de manteca le da exactamente igual. Lo que motiva a este patético personaje a soltar momentáneamente la bolsa de Doritos y salir a fingir que es responsable de sí mismo es la selfie diaria. Cada día la misma puta foto en el mismo puto lugar. Solo cambian la ropa y el clima.

Permítanme describir la escena. El tipito ubica su celular en el punto A, al nivel del piso, posiblemente sostenido con una piedrita, un palito o quizás sale de casa a correr con un trípode en el bolsillo, qué se yo. Una vez ubicado el celular comienza a grabar y acto seguido retrocede treinta metros hasta el punto B, descansa un momento, tose, escupe un poco de sangre, se rasca el culo, da media vuelta y comienza a correr de regreso hacia el celular que lo está grabando mientras finge que es una toma casual.

Cuando llega al celular, exhausto y jadeando como un perro con moquillo, se agacha y detiene la grabación. A continuación se sienta en la acera a ver el video de su proeza cuadro por cuadro para elegir el mejor frame, tomarle captura de pantalla, aplicarle 21 filtros y subir la foto de su epopeya a su estado ambientándolo con un fragmento de la canción Eye of the tiger de Survivor.

¿Y cuántos años tiene nuestro atleta? 45. Casi medio siglo de absurda existencia. Si eso no es estar loco yo no sé qué será.

La chismosa y el mar.

Vaya, la chismosa del colegio está en la playa. El circulito de los estados se ve en extremo punteado. Saco la lupa y cuento los puntitos: 92. Casi un centenar de fotos y videos. Como la fila está larga y lenta los abro pensando que no podía ser peor que las fotos de nuestro bobalicón atleta con hipercolesterolemia.

Pero sí, sí fue peor. Con los estados pasa como con el consumo de drogas: siempre empeora, nunca mejora. Foto tras foto y video tras video inoculaban en mí dosis casi letales de su narcicismo. La chismosa tomando coco-loco; la chismosa comiendo camarones en la playa; el brazo de la chismosa recibiendo suero para rehidratarse tras la diarrea explosiva causada por comer camarones en la playa; la chismosa haciendo pinza con los dedos para aparentar que sostiene un edificio lejano; la chismosa empinadita para verse más alta pero lo que parece es que tuviera espina bífida; la chismosa de espaldas a la cámara caminando hacia el mar; la chismosa en su asoliadora leyendo mierda autoayuda; la chismosa en el ascensor del hotel; media cara de la chismosa en el espejo para que nos imaginemos la otra mitad; la chismosa mostrando su nuevo bronceado con una selfie donde se alcanzan a apreciar las partes altas de unas vejigas macilentas que ella, eufemísticamente, llama tetas.

Y cierra la serie la foto de los pies de la chismosa con el atardecer de fondo acompañada de una canción de UB40. Las patas más feas que ojos humanos hayan visto. Con unos dedos rechonchos que pareciera que los alimentan a la fuerza con cucharadas de mazamorra. Ahora quien necesita una cuchara soy yo pero para sacarme los ojos. ¿UB40? También quiero ser sordo.

El esnob (por variar) haciendo cosas de moda.

Hacía mucho no veía los estados del esnob. La última vez lo vi jugando con un fidget spinner pero eso ya pasó de moda. Ahora el esnob practica tai chi, medita y juega pádel. Todo lo que se ponga de moda, o sea coyuntural, el esnob lo practica y, desde luego, lo documenta para solaz de su audiencia.

Si todos montan bicicleta, el esnob monta bicicleta; ¿Se puso de moda el crossfit? Pues el esnob hará crossfit; si el chontaduro es la fruta de moda, el esnob come chontaduro (así sepa a mierda); las mascotas del esnob son de raza, preferiblemente de la raza de moda; los viajes del esnob duran 15 días pero los presume durante 15 meses; el esnob pone en venta el iPhone 16 Pro Max que cuidó más que a su abuela mueca e hipertensa para comprar el iPhone 17 Pro Max. ¿Por qué no te quedas con ambos, campeón? Con el 16 podrías tomarle fotos al 17…

Tras el bombardeo en Teherán el esnob, como era de esperarse, subió una foto del viaje que hizo a Dubai hace 17 años y la acompañó con el mensaje «Por poco no lo logro». Por poco, muy poco, nos privan de su invaluable existencia. 2.354 kilómetros y 6.205 días le salvaron la vida a nuestro amado petimetre. Dios es grande y misericordioso…

Apenas vi su estado pensé en eso: ¿qué tal que hace 17 años hubieran bombardeado Teherán con nuestro esnob allí? Lo imaginé mutilado tomándole fotos al muñón para subir la imagen a su estado con el comentario: «aquí siendo feliz» mientras suena What a wonderful world de Louis Armstrong. Sé que al esnob le gustaría estar así para tomarse fotos con el iPhone 17 Pro Max jugando pádel en muletas y acompañándolas de frases profundísimas del tipo: «nunca te rindas» o «nunca dejes de soñar».

El primero en llegar al sushi fest es el esnob. No sabe un culo de eso pero los makis dan fotos bonitas. ¿Y cuál licor toma el esnob? Pues el que esté de moda, por supuesto. Si está de moda el gin tonic el esnob tomará gin tonic; Si el gin tonic entra en desuso y su lugar lo ocupa el martini el esnob tomará martini así no sepa qué es esa bolita verde que yace en el fondo de la copa. Solo espero que muy pronto se ponga de moda hacer gárgaras con cianuro.

Yo me aguanto al atleta con hígado graso y a la chismosa de las patas feas pero no al esnob. No puedo con él. Debo eliminarlo de mis contactos. Ahora mismo estoy enojado y quiero lanzar la computadora por la ventana pero la necesito para ganarme la vida. ¿Para qué me puse a ver esas idioteces?

Temas: Minimalismo, Personal
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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