Sábado pensando

Sábado 20 de junio de 2026. 9:01 pm. Estoy en mi estudio escuchando Sacrifice de London After Midnight y pensando en qué sigue, qué viene, para dónde vamos. ¿Será socialismo lo que nos espera? ¡Que lo sea! ¿Yo mismo no era socialista hace 20 años? ¿Y entonces por qué me preocupo? A lo mejor la Ley de Atracción es cierta y yo llamé la tragedia.

Y es que una cosa es invocar al Diablo y otra es verlo llegar. ¡Ah! Qué bien sonaba entonces esa perorata de la Justicia Social. ¿No es cierto? Suena bonito y nos hace sentir buenos, nos hace sentir parte de algo noble. Y entonces cuando decimos esas dos palabritas vacuas sentimos que abrazamos al vendedor ambulante, a la prostituta y a la empleada doméstica. ¡Qué buenos somos! Pensamos y nos felicitamos a nosotros mismos.

Pero entonces comenzamos a cavar en la ideología y a abrazar nuevas ideas: el imperialismo, el fascismo, la ultraderecha, el neoliberalismo… Abstracciones que se ajustan quisquillosamente al credo pues la URSS, curiosamente, nunca fue un malvado imperio y la explotación laboral china nunca ha sido neoliberal. No. Todo se ajusta al discurso, todo encaja perfectamente en una narrativa diseñada en las aulas que financian (mos), precisamente, los malditos neoliberales.

Y mientras yo repetía lo aprendido, lo enriquecía con nuevas doctrinas y me involucraba física y personalmente con los hábiles creadores del discurso pasó algo: las FARC, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, secuestraron en la costa caribe a un primo (J.A.) y como no se pagó el rescate, lo mataron. No era un oligarca, era tan solo el administrador de un negocio ajeno.

¿Y el pueblo? ¿Y la clase trabajadora? ¿No que la lucha era contra la oligarquía? Pero cuando se pervierte el idioma (condición sine qua non del progresismo) se pervierte todo y entonces la graduación comienza a bajar y un oligarca termina siendo cualquier que tenga lo que yo no tengo. Por eso, de secuestrar industriales y banqueros, pasaron a secuestrar panaderos, dueños de 5 taxis y abogados de causas menores.

Pero el sesgo puede con todo y entonces me engañé diciéndome que esa era la izquierda de las FARC, que la nuestra era diferente, la nuestra era humanista, marxista y hegeliana. ¡Ah! Qué bien suena. Nos sentimos inteligentes, más que los pobres diablos que nunca leyeron El Capital. ¡Malditos ignorantes!

Entonces apareció la delincuencia común y secuestró a un hermano de J. A. Nunca pensaron en entregarlo pues cuando descubrieron su cuerpo también descubrieron que llevaba muerto el mismo tiempo que llevaba secuestrado. Es más fácil matar al secuestrado desde el primer día que hacerse cargo de su seguridad, su alimentación, etc. ¿Y entonces?

Pues entonces volvió el sesgo: es que era delincuencia común, gentuza sin ética. Cuando uno vive inmerso en la flema de la doctrina puede justificarlo todo. Este resultado fue el mismo que el anterior: asesinaron al cautivo. Sin embargo, yo encontré la forma ideológica de hallarle diferencias. Es lo que ocurre cuando se vive en el credo.

Como aún no había tomado suficiente sopa, el 16 de diciembre de un año que no mencionaré, el ELN me secuestró a C. S. El ELN era la guerrilla que nosotros, por credo familiar, creíamos ética. ¡La teología de la liberación! ¡El cura Camilo! Mierda, ya no se trataba de retener (eufemismo) oligarcas, ahora se trataba de cualquier a quien se le pudieran quitar unos pesos. 160 días después C. S., fue liberado por razones que no puedo exponer aquí.

¿Y saben algo? Yo seguí creyendo. De hecho, el ELN hasta cierto punto fue una tradición familiar. Sé que existe un frente que lleva el nombre de un familiar que murió en 1979 y a quien nunca conocí (yo nací después). Pese a tener dos muertos y un secuestrado en casa yo seguí creyendo porque eso es lo que ocurre con las sectas (y la izquierda lo es toda vez que nunca funciona pero no pierde adeptos).

Y así siguió mi lóbrega vida improductiva entre arengas, mítines y boberías de ¡Patria o Muerte, venceremos! Pero un día se dio la oportunidad de ir a Cuba y fue allí donde todo cambió. No porque el viaje en sí mismo me hubiera mostrado la realidad pues todo estaba organizado para que yo viera los (pocos) éxitos. No. Gracias a que siempre me he pasado las normas por el orto terminé siendo amigo de cubanos reales (no pagos del Minint) que me mostraron la isla que ellos veían y vivían día tras día.

Eso ya lo conté en otro post pero a grosso modo fue el despertar de un largo sueño embrutecedor al que me sometieron (curiosamente la frase es del Che Guevara). Haber conocido el hogar de los cubanos, el transporte de los cubanos, los servicios públicos de los cubanos, la nevera de los cubanos, el espionaje que unos cubanos (CDR) aplicaban sobre otros cubanos y después comparar todo eso con lo que vivían los burócratas de Miramar, me sacó del embrujo y aterricé.

Y eso sí fue inmediato. Enterré a dos familiares secuestrados y rescatamos a uno con paludismo pero seguí creyendo. Lo único que abrió mis ojitos intelectuales fue conocer los hogares de la isla y saber, por boca de ellos mismos, que el único bloqueo que los empobreció hasta la indigencia, fue el que comenzó con la confiscación total de la ofensiva revolucionaria.

El viaje de vuelta a Colombia fue de sonrisas fingidas en el hocico y mucho odio en el corazón. ¿Esto fue en lo que siempre creí? ¿Esto es lo que quieren para todos nosotros? En mi corazón se gestaba una guerra contra quienes consideré mis pares. Guerra que se extendió al vínculo sanguíneo y que he sabido llevar pues no puedo admitir la indecencia de la esclavitud. Tíos, primos, vecinos, todo aquel que quiera someter a los, ya de por sí pobres, a la dependencia absoluta del Estado, debe ser considerado un enemigo.

Y aquí estamos en este sábado sin saber qué nos espera. Solo tenemos dos opciones: un candidato socialista que está apoyado por las FARC en medio país o un fanfarrón libertario que crea una ilusión de cambio hacia el orden y la seguridad (ilusión muy seguramente falsa). ¿Qué nos espera?

Temas: Libertario, Personal
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

Privacidad no es secretismo. Secretismo es cuando quieres que algo no se sepa. Privacidad es el inalienable derecho que todos tenemos de revelarnos selectivamente al mundo.