Enshittification, enmierdamiento o mierdificación es un neologismo tecnológico usado de forma coloquial, irónica y crítica para describir el proceso mediante el cual algo que alguna vez fue útil, interesante o de buena calidad termina degradándose hasta volverse mediocre, ordinario, molesto o, de plano, inservible. Es decir, para describir a la actual Internet.
El concepto mierdificación aplica para:
- Plataformas y servicios digitales:
letrinasredes sociales, apps, foros o webs que, con el tiempo, se llenaron de publicidad invasiva, algoritmos que priorizan lo fácil, lo viral, lo «promocionado», o el contenido de baja calidad. -
Tecnología: software que antes era ligero y funcional, pero que con cada actualización se vuelve más pesado, complejo o restrictivo; hardware creado para fallar y/o para quedarse corto.
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Cultura de Internet: memes, comunidades o espacios que pierden su espíritu original cuando se masifican o se mercantilizan.
Compra una nueva computadora que seguro viene con Mierdasoft Windows como SO. De entrada usted solito eligió la mierdificación. Cuando enciende su nueva compu nota que Mierdasoft le sobrecargó la máquina con porquerías que usted no necesita, puro bloatware: antivirus McAfee, 15 días «gratis» de Adobe Shit 3.0, plugins obsoletos como Silverlight, programas espías como el navegador Edge, una nube (Onedrive) que ellos eligieron por usted porque usted es demasiado estúpido para elegir por sí mismo y cada 5 minutos le colarán un anuncio para que adquiera servicios basura por suscripción. Es insoportable.
Después, instala un programa para jugar en sus ratos libres pero descubre que el hardware que tiene solo le permite correr, a lo sumo, un Pacman. Va con su laptop al almacén pero allí le dicen que no hay nada que puedan hacer: sus componentes vienen soldados, son inamovibles, los 8 GB RAM de su máquina son fijos. Además, su gráfica está integrada. Su equipo fue diseñado para quedarse corto en unos meses.
De vuelta en casa deja su mierputadora sobre la mesa, revisa su celular y nota que tiene 104 notificaciones de su servicio de mensajería el cual, desde luego, es Whatsapp. Son 7 encuestas de satisfacción, 2 favores y 95 enlaces que le han compartido sus contactos: TikTok, Instagram, Facebook (la cloaca más puerca), X y un largo etcétera de inaportantes templos del narcicismo moderno.
A la decimosegunda selfie que ve se siente abrumado (más bien asqueado). Quiere lanzar el celular por la ventana pero recuerda que aún le quedan 2 ó 3 actualizaciones de sistema antes de convertirse en un costoso pisapapeles. Entonces deja el cacharro a un lado, enciende la tele y pone Netflix. La plataforma le recomienda una serie producida en Azerbaiyán que cuenta los últimos años de un Napoleón queer, casado por la iglesia con un transexual congolés llamado Josefine y quienes adoptan a un enano guatemalteco que padece una extraña enfermedad en el recto.
La anterior historia es el día a día de la inmensa mayoría de personas que están inmersas en la mierdificación: consumir contenido basura a través de equipos basura diseñados para fallar.
Basura y más basura. Mierda y más mierda que nadie nos obliga a consumir pues tenemos alternativas de sobra. Alternativas que no utilizamos porque exigen de nosotros un poquito de esfuerzo: crear un disco de instalación, escribir un par de líneas en una terminal, configurar una nube privada… Cosas muy simples que cualquiera puede aprender en un par de horas sin pagar un centavo por el conocimiento.
La mierdificación es el resultado de lo que las mayorías le piden al mercado. Ellos, los poderes tecnológicos hegemónicos, están allí para ganar dinero a costa de secuestrar su atención, su tiempo y su muy escasa inteligencia. El algoritmo trabaja las 24 horas del día analizando sus hábitos. SI descubre que su atención se captura con videos cortos de albinos corriendo en ropa interior por las calles mugrientas de Mumbai, eso le dará hasta que detecte un cambio en sus intereses.
Al final el contenido de mierda no existiría si no existieran los consumidores de mierda. No podemos esperar menos en un mundo de coprófagos digitales.