Luego de analizar la absurda realidad fiscal de los paisuchos de América Letrina reconfirmo algo que llevo años pensando: no quiero ser empresario. De ninguna manera quiero emprender en América Letrina, la tierra de los homúnculos donde la productividad y la independencia se castigan mientras que el parasitismo se premia con los más altos ingresos.
Kiyosaki es uno de los peores vendehumos de la historia pero en algo acertó el charlatán: cuando de actividad económica se trata, por obvia obligatoriedad nos encontraremos en alguno(s) de los siguientes espacios: (E) Empleado, (A) Autoempleado, (D) Empresario o (I) Inversionista.

No hay más. Sea lo que sea que usted haga se encontrará en alguna de esas categorías. El 95% de las personas se encuentran en los cuadrantes izquierdos y están a un despido o a una apendicitis de caer en la ruina. La totalidad de su ingreso depende de su participación activa. No participa en la actividad → no hay ingreso.
En el cuadrante derecho tenemos a los dueños de empresa, los empresarios, y a los inversionistas. Los primeros, los empresarios, son Quijotes modernos. En América Letrina son Quijotes modernos. Cada tanto tiempo les cambian las reglas del juego y ellos, como pueden, se adaptan a las locuras y desvaríos populistas de las castas gobernantes hasta que el amoldamiento se agota y tienen que cerrar.
Dichos cambios SIEMPRE benefician a los burócratas y perjudican a los empresarios. Por supuesto las extorsiones medidas se venden con fines nobles: los niños, los ancianos, la justicia social, la educación (que en nuestro caso es la producción masiva de funcionarios), el cambio climático… Toda laya de embelecos y sofismas con los cuales los parásitos robustecen y optimizan la captura de rentas para trasladar la riqueza de los trabajadores productivos a los burócratas que solo producen insignificantes papeles firmados, CO₂ y mierda en cantidades industriales.
Y es que cuando se trata del binomio ciudadanía-burócratas la ecuación siempre suma cero. Para que el burócrata Juan gane $100 primero hay que quitarle $100 al ciudadano Pedro. Siendo así, la dicotomía entre derecha e izquierda ha muerto y ahora, en su lugar, tenemos en la sociedad letrinoamericana dos grandes grupos antagónicos que no responden a infantilismos ideológicos: ciudadanos productivos y parásitos (burócratas).
El carnicero con creencias socialistoides será trincado por el burócrata que milita en el populismo de derecha mientras que la profesora de costura y bordado será esquilmada por el funcionario lleno de diplomas que pregona el evangelio de Marx (y que es tan productivo como el buen Karl). Sea cual sea su credo o su inclinación política usted estará en alguna de esas dos posiciones: o es el que produce o es el que parasita.
Es por eso que no quiero ser empresario. Ya lo fui y nunca lo volveré a ser. No puedo emprender algo si primero debo atender a las lacras los burócratas y después a los clientes. La última vez que emprendí fue exactamente así: primero llegaron los dotores de la alcaldía, los secretarios de la secretariedad secretariada, el Personero (a apersonarse del robo), el dotor de Planeación (a planear la extorsión), los bomberos (a apagarme las ganas de trabajar y de vivir), el camarada de Servicios Públicos (a ahogarme con trabas), dos concejales a ofrecer sus buenos oficios y unos bandidos que dicen llamarse Sayco a robarme cobrarme por escuchar radio.
No había vendido una sola unidad de lo que mi pequeña empresa producía y todas esas lacras ya tenían sus bolsillos llenos. Y como esto siempre suma cero, a medida que sus bolsillos se llenaban los míos se vaciaban. Después vino lo de ley: Industria y Comercio, IVA, Impuesto al Consumo, Sobretasas, Parafiscales, Impuesto de Renta… El puto infierno sobre la tierra. ¿Quién quiere trabajar así? ¿Para qué?
Me dedico a las inversiones porque no quiero ser empresario. Invierto en empresas que tienen que lidiar con toda esa mierda parasitaria pero no tengo que hacerlo yo. Preferiría morir antes que volver a tratar con tanto ladrón hijo de puta. Cuando las cosas se ponen feas, y en América Letrina eso pasa dos o tres veces en cada gobierno, vendo mis acciones y roto el capital a sectores menos hostiles.
Todo eso se hace con un mouse: con un clic se vende, con otro clic se cambia una divisa por otra, con un nuevo clic se ubica el capital en otra bolsa o en una blockchain. Se pagan los impuestos legales a que tenga lugar cada transacción, es una pena, un absoluto desperdicio de recursos pero por lo menos no tengo que verles el hocico y con eso me basta.
Estado vil que infunde el miedo en el alma / Sembrar la esperanza (V de venganza) será mí venganza / Este es tu fin las vías serán mi lanza / Y el tren la balanza (V de venganza) para mi venganza / Mía es la venganza. —Dark Moor.
