¿Qué es la riqueza? Si le hiciéramos esa pregunta a personas del común con seguridad recibiríamos respuestas muy vagas del tipo: «es tener mucha plata», o respuestas muy específicas del tipo nominal: «es tener un millón de dólares». Pero nada de eso es riqueza pues se puede tener mucha plata y estar en la inmunda o tener un millón de dólares y, sin embargo, no poder cubrir lo demandado. Por eso, al respecto, solo debemos contemplar un significado válido: la riqueza es lo que queda.
Parece algo lógico pero esa no sería la respuesta que mas recibiríamos al formular la pregunta. Pero es simplemente eso: la riqueza es lo que queda después de cubrir las necesidades y los gustos. Ya después vendrán los grados de riqueza y tendrán que ver con el tiempo que podemos vivir sin intervenir en la formación del ingreso pero esa es otra canción.
Analicemos tres casos aparentemente iguales. Juan tiene un millón de dólares en el banco. Pedro tiene activos redituables por valor de un millón de dólares y Carlos tiene un millón de dólares en bienes de lujo que heredó. Ninguno de ellos tiene más de lo mencionado. ¿Quién es qué aquí? Muy fácil: Juan es un tipo adinerado, Pedro es un hombre rico y Carlos está muy cerca de ser pobre (si no le da vuelta a la situación).
Juan tiene dinero pero el dinero por sí mismo no produce riqueza hasta que se convierte en activos rentables. Pedro, en cambio, sí es rico pues con el mismo dinero que tiene Juan adquirió activos que ponen dinero en su bolsillo y Carlos, el pobre Carlos, en cuestión de meses tendrá que empeñar el yate para pagar los impuestos de su Mercedes convertible último modelo. Mismo capital, diferente asignación y solo un rico en el ejemplo.
Mi caso particular.
Sí, soy rico en la definición real (la riqueza es lo que queda). No tengo un millón de dólares en el banco como Juan ni tengo un yate como Carlos pero, al igual que Pedro, tengo activos que me generan un ingreso y, ese ingreso, es superior a mis necesidades mensuales. Lo que queda mes a mes es mi riqueza.
Soy muy estricto en el registro de mis ingresos/egresos. No puede ser de otra forma pues cada una de nuestras vidas es nuestra propia empresa y debe administrarse bien. Por eso sé exactamente cuánto ingresa, cuánto sale y cuánto queda mes a mes. Este último valor, lo que queda, es lo que me permite seguir construyendo fuentes de ingresos pues aquí viene otro concepto que debemos tatuarnos a fuego: la riqueza es un proceso de creación constante.
Veámos qué ha ocurrido con mis finanzas personales a lo largo del 2026. Omitiré los valores nominales pues, como he dicho, no tienen la menor importancia práctica. En su lugar hablaré de valores porcentuales que sí pueden darnos una perspectiva real de nuestra situación económica.

En el gráfico anterior vemos el comportamiento de mis ingresos (verde) y mis egresos (rojo) en lo corrido del año. La línea verde no es riqueza, usted puede tener ingresos altos y ser jodidamente pobre (los hay por millones). La riqueza verdadera es el espacio ubicado entre las dos líneas y, eso también debe ser medido al detalle.
Yo sé que en enero logré retener el 26,9% de mis ingresos; en febrero el 41%; en marzo el 53%, en abril el 27%, en mayo el 49% y en lo corrido de junio va el 26%. En promedio durante el 2026 he retenido el 37% de mis ingresos. Ese porcentaje, el 37%, es mi riqueza verdadera. Lo demás son gastos y obligaciones sin importar su valor nominal.
Asignación de capital.
Podemos retener el porcentaje que sea pero si no lo asignamos a actividades productivas seremos como Juan y su plata en el banco: sujetos adinerados que con el tiempo decrecen por los impuestos y la inflación, no ricos. Por eso es tan importante la medición estricta de esas cifras. En mi caso particular, mes a mes destino el 80% del nominal retenido a nuevas inversiones.
El dinero ocioso pierde valor o termina convertido en bienes de consumo y los bienes de consumo son la antítesis de la riqueza verdadera. En su lugar, los excedentes deben ubicarse en bienes de capital (maquinaria y equipos), bienes valorizables (como los terrenos), materias primas (como el oro) o activos financieros (como las acciones o los bonos).
¿En qué invertir los excedentes?
Esto sí dependerá del tamaño de su excedente pero le aseguro que así su excedente sean U$1.000 o U$1.000.000 usted puede ser un inversionista. Todos podemos ser inversionistas y, con el tiempo, recibir más dinero del que necesitamos. Aquí no hay ciencia abstrusa ni se necesita tener grandes capacidades. Le aseguro que día tras día usted usa productos y servicios de los cuales podría ser, además de consumidor, socio.
En mi caso uso la mayoría de excedentes para invertir en activos fijos. Siempre pienso en el largo plazo. Eso no quiere decir que eventualmente no invierta en algunos títulos con propósito especulativo como las acciones de una empresa que no quiero conservar sino vender en el corto plazo con un beneficio modesto, pero esas asignaciones son menores, siempre menores.
El 80% de mis excedentes terminan ubicados, casi siempre, en acciones. Algunas dividenderas, otras de crecimiento y otras subvaloradas por la ineficiencia del mercado (bendito sea) pero casi siempre en acciones. Cuando el excedente es suficiente se piensa en bienes raíces siempre y cuando no se tenga que recurrir a una deuda muy alta y/o muy cara como ahora que vivimos tiempos de tasas altas.
Una pequeña parte, mes a mes, se destina a comprar Bitcoin. Así ha sido durante años y pienso seguirlo haciendo. Es quizás el activo de más largo plazo que poseo. Todos los demás activos tienen un eventual precio de salida pero no BTC (por ahora).
El 20% restante de mis excedentes se queda como liquidez pero de ninguna manera como liquidez ociosa. Eso nunca. Una parte de esos excedentes se convierte en divisas (dólares físicos y USDC) si la tasa de cambio me parece favorable y también, cómo no, se conserva en pesos de mi país.
Pero esos pesos no tienen que ser efectivo en un cajón (papelitos de colores) o en una cuenta de ahorros. Eso no tendría sentido y sería un palo en la rueda del proceso de creación de riqueza. Se pueden abrir fondos sin pacto de permanencia como el Fondo Renta Liquidez o los bolsillos y cajitas de algunos bancos donde podemos tener el dinero disponible y a la vez ganando una pequeña rentabilidad que cubra al menos la inflación.
Conclusión.
Olvídese de lo alto, medio o bajo que sea su sueldo. Tengo amigos con ingresos altos que no tienen más que su casa, su auto y muchas fotos en Instagram. Otros, en cambio, con ingresos menores han logrado acumular capitales decentes y están en vías de ser ricos (en la definición dada en este post). Usted no será rico por tener un sueldo alto (ojalá se pudiera), lo será si logra vivir por debajo de su ingreso y a su vez ubica sabiamente los excedentes.
Olvídese, por ahora de los valores nominales. Eso vendrá después. Como la riqueza es lo que queda, ahora mismo enfóquese en el porcentaje que puede retener de su ingreso. 5%, 30%, 70%, todo sirve, por cualquier número se puede comenzar. Le aseguro que la mayoría de patrimonios productivos superiores a U$1.000.000 comenzaron muy lejos de esa cifra.
Y para terminar comience ahora mismo. El mejor momento era hace 20 años pero hoy está bien. Si ya tiene un ingreso pero no tiene excedentes comience por analizar sus egresos. Lleve cuentas y ajuste sus gastos. Le aseguro que usted, como todos, tiene algunos gastos pendejos que podría evitar y convertirlos en su punto de partida.
Si tras analizar sus salidas ve que puede retener U$100 y le gusta la Coca Cola ya sabe lo que tiene que hacer: analice la compañía de refrescos y si ve allí una oportunidad una acción de la empresa lo está esperando. ¿Qué tiene que perder si igual iba a gastar esos U$100 en un cepillo de dientes eléctrico con bluetooth?
