Sé que La Divina Comedia es un libro de ficción porque en su primer cántico, el infierno, Dante no habló de las motocicletas de bajo cilindraje. Si el autor realmente hubiera visitado el inframundo habría hablado de esos malditos aparatos que destruyeron la paz e hicieron invivibles las ciudades y puebluchos del tercer mundo.
Sencillamente Dante no habría podido omitir algo tan horripilante y tremebundo como las motos de bajo cilindraje. Las ciudades (por decirles de una forma) de América Letrina están invadidas por estos aparatos infernales incompatibles con la vida civilizada. Donde hay motos de bajo cilindraje no hay civilización, ni cultura, ni orden. Donde hay motos de bajo cilindraje impera el caos y reina nuestro señor Satanás.
Y en nuestras ciudades (digámosle así a esos andurriales) las hay por cientos de miles, por millones. Motos por aquí y por allá; motos de bajo cilindraje sobre las aceras y sobre los cruces peatonales; motos adelantando por la derecha; motos creando carriles imaginarios; motos pasándose los semáforos en rojo; motos saltándose los separadores; motos encima de los puentes y debajo de los camiones (esas me gustan); motos en contravía; motos sin seguro; motos sin frenos; motos con tres, cuatro y hasta cinco pasajeros; motos, motos y más motos. El sueño de Pinhead, traer el infierno a la tierra, hecho realidad.
Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre la raza condenada, yo fui creado por el poder divino, la suprema sabiduría y el primer amor, y no hubo nada que existiera antes que yo.
¿Y encima de la moto quién va? Pues el homúnculo, el primate, el simio feo, el feto con cromosomas impares que va en su aparatejo endemoniado atropellando, atracando, violando las normas, matando, ensuciando, polucionando, afeando, pitando, estorbando, dañando, escupiendo, fumando, chateando, emborrachándose, cantando reguetón, disparando, depredando, morboseando, respirando un oxígeno que no merece y envenando la atmósfera con dos gases deletéreos: el CO2 contaminante de su hocico y el metano inflamable de su culo.

Un país con motos de bajo cilindraje es un infierno que nunca conocerá el desarrollo y el progreso. Donde hay motos de ese tipo no puede prosperar la civilización. Una sociedad así está condenada al atraso. Los rústicos de antaño se bajaron del burro y se subieron en la moto pero no aprendieron a comportarse, no saben vivir en comunidad, son cimarrones, son salvajes muy peligrosos. Les faltó más látigo y cepo.
De infierno a paraíso.
Ahora que sea dictador voy a recoger todos esos hijueputas aparatos y voy a convertir este infierno en un paraíso a lo Shangri-La. Mis perros de presa, los Camisas Fucsia, van a estar las 24 horas del día con sus fusiles y sus grúas recogiendo motos de bajo cilindraje en todos los rincones de la patria.
Y si el jinete que conduce la puta moto se aferra a ella y no se baja se va con su moto para la grúa y de ahí derechito para el compactador. Después desinfectamos la máquina con yodopovidona y seguimos machucando latas.
— ¿Qué cilindraje es su moto?
— 1.200 cc mein teniente.
— Siga.
— ¿Qué cilindraje es la suya?
— 125 cc oficial.
— ¡A la grúa!
El metal compactado y los motociclistas destripados los enviaré a la siderúrgica PazdelRío donde fabricaremos rejas, alambradas y cadenas para las 32 megacárceles que pienso construir en el país y donde recluiré al 75% de la población colombiana sin previo juicio. Magnánimo como soy, les daré la oportunidad de salir libres siempre y cuando aprueben un examen de cultura general y se sometan a la castración quirúrgica con anestesia local pues yo no soy Mengele.
El éxito de mi modelo cundirá por el continente. Los mandatarios de los otros infiernos vendrán a conocer el prodigio y copiarán mis métodos en sus respectivos avernos. En menos de un lustro, América Letrina estará libre de motos de bajo cilindraje y de los Yonaikers que las conducen. El arroz chino llegará a las casas en drones y en un carril vial solo habrá un vehículo, como debe ser, y no 39 putas motos como era antes de mi llegada al poder.
— ¿Y cómo piensa Su Majestad manejar a los sinvergüenzas alcahuetes de las ONG de Derechos Humanos?
— ¿Con qué cree que voy a mantener encendidos los hornos de la siderúrgica los 365 días del año? 😉
