Es la genética

Se acercan las elecciones en mi país y los homúnculos, desde luego, nuevamente votarán socialismo. No puede ser de otra forma, es la genética que nos tocó. En los paisuchos menesterosos de América Letrina (casi) todos son socialistas porque son el fruto de una monstruosidad llamada educación: el entrenamiento que reciben los chicos para que cuando crezcan secuestren y mutilen a su prójimo.

Basta ingresar a cualquier universidad pública colombiana para confirmar mi afirmación. Basta una mirada somera a los primeros muros de una universidad pública para verlo: los asesinos convertidos en íconos. La efigie del Che Guevara, el ilustre carnicero de La Cabaña, donde también estuve y vi con mis propios ojos el foso donde el ejemplo a seguir de los universicarios letrinoamericanos despachaba sin juicio previo a sus malquerientes.

Es la genética
El Cura Camilo, inspiración de los jóvenes universicarios.

Junto al hocico hediondo a sarro del Che casi siempre encontramos la cara mofletuda del cura maricón Camilo Torres. Un degenerado que dizque por amor a los pobres se fue al monte a matar soldados pero no alcanzó: en su primer combate un soldadito regular sin apellidos aristocráticos se lo lambió a plomo y lo mandó, sin escalas, de vuelta a casa: al infierno.

Hombre, no saber yo quién fue el soldadito que nos libro de esta gangrena gaseosa para enviarle un estipendio a su familia. Se lo merecen y en un país decente, que no es nuestro caso, recibirían trato de próceres.

Hace poco encontraron los restos de este gusano y, cómo no, fue todo un acontecimiento nacional. Cámaras, flashes, mocos, abrazos, caras largas, sollozos y, desde luego, una eucaristía porque Nuestra Señora de Los Secuestradores tenía que bendecir el fiambre de su retoño antes de darle cristiana sepultura. Yo en la tele veía el espectáculo y me preguntaba: «¿por qué no tiran los huesos de ese hijueputa delincuente por una alcantarilla?» Así al menos habría servido de algo su repulsiva existencia: de fuente de calcio para las ratas.

Y junto a este par de alimañas encontraremos otros rostros, siempre de criminales, de asesinos, de secuestradores, de extorsionistas, de violadores, de mafiosos, de sádicos que son las cualidades de lo que en Colombia se conoce como líder social. Entre más asesinen, roben y extorsionen, más los admiran. ¿No eligieron a la presidencia de Colombia a un secuestrador? ¿No van a elegir ahora a uno cuyo padre tuvo su propio frente de las FARC y aún existe?

Bueno, pero, ¿qué producen esas universidades donde se idolatra a los peores criminales? Hombre, qué pregunta tan güevona. Pues más que todo funcionarios públicos. ¿Qué más van a producir? ¿Cuánto software exporta Colombia? ¿Cuántas empresas de chips hay en el país del café? Funcionarios públicos es lo que producen: ediles, concejales, alcaldes, secretarios de planeación que extorsionan a una campesina vieja para dejarla ampliar una ventana de su propia casa. ¿Qué más quiere que produzcan si sus profesores tienen el puesto asegurado por ser miembros de un sindicato?

Gente que vive y cobra sin producir un hijueputa peso. Eso es lo que se gradúa de esos urinarios. Papeles es lo que producen, papeles firmados, papeles sellados, diapositivas de Power Point y papers pendejos que nadie leería ni en el peor aburrimiento. ¿Y sabe qué más producen? Guerrilleros, o sea asesinos, delincuentes, lacras, lixiviados de una caneca de basura rota.

Si usted revisa la lista de los máximos comandantes de las organizaciones terroristas encontrará que todos tienen una sola cosa en común: todos, o casi todos, salieron de una universidad donde se idolatra a personas que mezclaban la pólvora de las bombas con su propia materia fecal para causarle más daño a sus víctimas. ¿Cómo le llamamos a eso? ¡Pues humanistas! ¿Cómo más?

Lo que ellos llaman lucha y edulcoran con retóricas discursivas plagadas de apelaciones emocionales no es más que la pugna por acceder a la captura de rentas. Esa es la única y verdadera causa de los conflictos que, exportados desde la miserable Habana, han destruido a América Letrina desde mediados del siglo pasado. Cualquier relumbrón que esos asquerosos rebuznen se puede resumir en una sola línea: «Mataré, violaré, secuestraré y mutilaré hasta que me dejes ser alcalde, gobernador o senador».

Con un equipo de trabajo conformado por Pirinola, Gato, Chispo, Ratón-Ratón y su servidor llegamos a la conclusión de que el problema de América Letrina es su genética. Desde el Río Bravo hasta La Patagonia padecemos los mismos males resumidos en un solo diagnóstico patognomónico: el socialismo genético. Todos fuimos, de una u otra forma, contaminados en nuestra vida fetal con esos gérmenes deletéreos que nos llevan a pensar que si Juan gana $100 a mí me corresponden $65 por existir.

Yo también fui zurdo pero me quité la costra y ahora sé que zurdo no es gente, zurdo no es prójimo, zurdo no es amigo, zurdo no es familia ni es nada. La única razón por la cuál no los aplasto como a cucarachas es porque no quiero ensuciar la suela de mis zapatos con esa porquería pero me complace mucho cuando sus víctimas directas les devuelven atenciones. Lo único que lamento es que esos forúnculos terminen en tierra porque donde entierran a un zurdo no vuelve a nacer ni maleza.

Temas: Libertario, Personal
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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