Los mentores

Y de repente aparecieron en la patética escena de Internet cientos de miles de «mentores». Mentores que a su vez recibieron mentoría de otros mentores. ¿Y qué aprendieron en esas mentorías? Pues a ser mentores. Es un extraña máquina de movimiento perpetuo que se retroalimenta a sí misma y cuyo combustible no es otro que la estupidez de sus intervinientes.

Lo que me he reído de estos desdichados no está escrito. El canal de Antonio Gutiérrez en YouTube es una fuente inagotable de risas. Es en extremo hilarante ver a esos pobres infelices haciendo maromas para parecer lo que, evidentemente, no son. Y aquí viene un principio básico: lo que en realidad ES no necesita simbolismos para demostrarse.

Me explico: si alguien quiere enseñarme el negocio inmobiliario no tiene que mostrarme su reloj, tiene que mostrarme su portafolio inmobiliario. Sorprendente, ¿eh? Está bien si el mentor tiene un Rolex, OK, pero eso da igual. Si no tiene, o al menos no maneja un portafolio inmobiliario de terceros, no puede enseñarme el negocio inmobiliario, punto. Es algo tan obvio que da grima decirlo.

Pero estos pobres diablos, que están más cerca de la indigencia que la de la abundancia, no tienen absolutamente nada de lo que dicen enseñar. Por lo menos no en las escalas requeridas para demostrar experticia. Tienen, eso sí, pasivos y bienes de consumo, la antítesis por antonomasia de la riqueza. Su estrategia de mercadeo para vender prosperidad se basa en mostrar, precisamente, aquello que la destruye.


Los mentores
Masivo bro…

Quien enseña bienes de consumo (por ejemplo relojes) y pasivos (por ejemplo autos) para vender un ideal de riqueza está engañando. Cualquiera que conozca de verdad la prosperidad sabe que ella no se ve tan glamurosa: se ve como ladrillos de una bodega, como hojas aburridísimas de resultados, como gráficas incomprensibles de carteras accionarias y como arrumes polvorientos de documentos legales que certifican la titularidad de unos bienes.

Y aquí viene otro principio básico: la verdadera riqueza no se ve. ¿Cómo sé si el señor en la fila del súper es rico o pobre? ¿Por el reloj? La riqueza no se ve porque el patrimonio, que es la verdadera y única riqueza, no se ve. ¿Cómo voy a saber si alguien posee un complejo de 120 apartamentos que le producen una enorme renta mensual? ¿Por el auto que conduce?

Antes de continuar me gustaría que vieran el video que Solo Mike hizo de uno de estos personajes. El minúsculo y lamentable personajillo del video es una obra maestra del patetismo. De lo mejor que hemos visto en la cosecha de Llados (y eso que ese tipito Amadeo Llados ha producido verdaderos prodigios de la ridiculez).



¿Quiénes son y a quiénes se dirigen?

En general estos autodenominados mentores son personas con un nivel intelectual muy bajo. En sus cabecitas tienen apenas lo suficiente para engañar a otros alcornoques de su misma especie. Sus conocimientos, por llamarlos con benevolencia, no son más que manidas frases de cajón que extraen de libritos de autoayuda que, por su nula complejidad, se pueden leer en una sentada (aunque supongo que a ellos les toma semanas leerlos).

Sus discursos empresariales, infantiles y bobalicones como ellos mismos, son huérfanos de conceptos útiles como tasa interna de retorno, flujo de caja libre o EBITDA. En su lugar encontramos abstracciones como vibraciones, frecuencias y universo. No son nada nuevo: son la evolución mutante de la nueva era que tanto seduce a los mediocres.

Y como el discurso estúpido de «vibrar en frecuencias» seduce a los mediocres pues es a ellos a quienes los mentores se dirigen: a los mediocres e incapaces de diferenciar la mierda del chocolate. Mediocres los unos y mediocres los otros. Solo que unos mediocres tienen un reloj y los otros aún no. La única diferencia entonces entre unos y otros es lo que unos tienen en la muñeca y muchas veces tan solo se trata de una réplica barata.

El público objetivo de los estafadores mentores está compuesto por personitas que no pueden discernir la realidad de una ordinaria puesta en escena. Para ellos, cortos de entendimiento, lo que se publica en redes sociales es real. Ello ha deformado su, de fábrica escaso, marco conceptual.  Es por ello que relacionan la riqueza con el gasto cuando en realidad es todo lo contrario: la riqueza es ahorro y posterior inversión.

No deja de ser curioso que un chiquillo de 19 años sin experiencia laboral ni vida crediticia quiera aprender los secretos de la prosperidad de otro chiquillo de 19 años sin experiencia laboral ni vida crediticia. El sentido común —en un cerebro humano de 1.200 gramos o más— nos diría que ese conocimiento deberíamos adquirirlo de aquellos que a través de los años han puesto en práctica sus ideas, se han equivocado, las han reformulado y lo han seguido intentando una y otra vez hasta alcanzar los objetivos trazados.

Las generaciones estúpidas.

Las generaciones nacidas después del advenimiento de Internet son sencillamente estúpidas. Lo digo sin ambages: son estúpidas. A ningún rico (ese sí real) de mi generación podría venirle un mamón de 20 años con un reloj estrafalario a hablarle de crear riqueza. ¿Cómo podrían si lo que tienen para mostrar se extingue en patéticos bienes aspiracionales como autos, relojes, morrales y teléfonos?

Lo primero que alguien serio le pediría a uno de estos vendehumos es su declaración de renta o el documento equivalente donde conste su patrimonio líquido pero para las generaciones estúpidas basta con ser testigos del viaje a Dubai para concluir, sin vislumbre de duda, que esa persona es la adecuada para formarlos en asuntos empresariales y económicos.

Esto no es un fenómeno abstruso. Cierto es que las nuevas generaciones, a pesar de vivir en un mundo mucho más abudante que sus ancestros, tienen una vida económica más complicada. En la década de 1960, la edad promedio para la compra de vivienda en USA era de 24 años. Hoy es de 40 años. Sí vivimos en un mundo más abundante en cuanto a bienes de consumo se refiere pero esa misma abundancia de consumo es la que adelgaza los patrimonios.

Es por ello que la generación que confunde la ostentación con la riqueza real, es decir aquellos que confunden lo efímero con lo perdurable, no quiere adquirir bienes (o sea construir patrimonio) y se conforma con adquirir experiencias. Es gracias a esa arrevesada forma de entender la realidad que los mentores tienen su lugar en el mundo.

Pongámonos por momento en sus zapatos. Incluso dejemos a un lado el asco y metámonos por un segundo en sus cabecitas. Comprar un terreno de U$150.000 no es cool. No es una situación fotogénica. Dar el abono, sacar el crédito, irlo amortizando, librarlo tras unos años, venderlo. ¿Qué podemos ostentar? En cambio un viaje de U$5.000 sí que da fotos. Tantas que para recordar el periplo hay que volver a ver las fotos pues por estar pendiente del encuadre, la luz y demás pendejadas el viajero ni sabe por dónde pasó.

Por eso las generaciones estúpidas, el pasto de los mentores, no quieren el terreno. Quieren el viaje. El terreno es aburrido mientras que el viaje les permite competir con sus pares en una contienda circense donde casi todos pierden. Lo valioso ahora es invertir en experiencias, dicen ellos, aunque en realidad invierten en ostentación. Por eso sus fotos de perfil siguen siendo aquellas junto a la Torre Eiffel o sosteniendo la Torre de Pisa aunque estemos en el 2026 y el viaje se haya hecho en el 2009.

Infiltrado en la mentoría.

Hace poco me infiltré en una mentoría. Más bien fue una pre-mentoría pues no soy tan estúpido para pagar por escuchar mierda extraída de autoayuda. Los vendehumos siempre tienen el mismo gancho: la masterclass, la mastermind, el webinar y demás rimbombancias que serían valiosas si fueran impartidas por verdaderos expertos, es decir, por personas que pudieran demostrar, con hechos verificables, que viven en abundancia gracias a aquello que pretenden enseñar.

La mentoría no defraudó: inteligencia emocional, liderazgo, programación neurolingüística, espiritualidad, pensamiento popo-sitivo y mindset, entre muchas otras cantinfladas. Solo faltaron el reiki, la acupuntura y los chakras. Supongo que eso se ve al pagar el curso completo. Mientras la mentora hablaba sus tonterías yo lo disfrutaba a más no poder.

Nunca me había divertido tanto. Al menos no gratis. Cada tanto tiempo interrumpía la clase perorata con música y la mentora, visiblemente disgustada, me mandaba a cerrar el micrófono. Minutos después volvía con mi música espiritual y motivacional: «Bastard sons begat your cunting daughters / Promiscuous mothers with your incestuous fathers / Ingrate souls condemned for all eternity / Observe by moral judgement in dominary deity / Chaos rampant in an age of distrust! / Confrontations impulsive sabbath…» Fue hermoso.

Y la master-algo seguía y seguía; y la mentora hablaba y hablaba: que el liderazgo esto, que el mindset lo otro, que la actitud aquello. Humo de camión viejo. Pedos de caballo. Lluvia sobre las putas tejas de zinc. Basura. Nada serio, nada valioso, nada cierto; ni un solo número, ni un solo indicador, ni un solo ratio, ni una sola proyección, nada.

No pude soportar la mastermierda completa. A las dos horas de verborragia corté la comunicación, apagué la computadora y me fui a la cama a seguirme riendo en mis pesadillas. Al otro día, en el correo falso que usé para infiltrarme en la humareda, tenía 2 mensajes. Ambos evidentemente automáticos, ambos siguiendo un libreto: «Estás a un clic de adquirir el conocimiento completo»; «Con nuestra mentoría aprenderás a liderar desde el amor»… Temí que los correos siguieran llegando y fue entonces cuando decidí redactar una respuesta:


Estimada mentora,
Cordial saludo,

Asistí anoche a su clase magistral y debo decir que me impactó la facilidad con la cual usted expone temas de tantísima complejidad intelectual. Sin embargo, esa misma complejidad me hizo darme cuenta de que quizás mis pocas capacidades no me permitan seguir adelante por el camino que usted tan generosamente nos traza. Siendo así, he decidido declinar mis aspiraciones empresariales y dedicarme a monetizar mi TikTok. Si gusta sígame en @nalgoncito34.

Siempre suyo,
Kar.


Y los correos dejaron de llegar. 

Temas: Bienes Raíces, Bolsa, Cripto, Finanzas Personales, Inversiones
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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