Mantener a los burócratas

Comienzo a escribir este post a las 11:05 pm. No he dormido mucho en estos días porque tengo algunas preocupaciones. Intento adelantarme a unos hechos que quizás nunca pasen pero igual es algo que, ocurra o no, debe hacerse. El problema es que tratando de hacerlo me encuentro con una dolorosa verdad que nos aqueja a casi todos los ciudadanos del mundo: no existe nada que podamos hacer para evitar mantener a los burócratas.

Elon Musk tiene más de 10.000 satelites en órbita. La red de Hedera puede procesar 10.000 transacciones por segundo. La terapia génica sustituye genes defectuosos por genes sanos dentro de las células del paciente y un robot puede servirte el café, hacer el mandado, responder tus correos y hacerte la paja. Sin embargo, cuando de trámites con el gobierno se trata, el ciudadano del 2026 se estrella contra una inexpugnable muralla del subdesarrollo propia del medioevo.

La razón es muy simple: si facilitaran las cosas no haría falta tener tantos asquerosos burócratas; si no hicieran falta los asquerosos burócratas se acabarían las cuotas políticas; si se acaban las cuotas políticas los gamonales perderían el voto cautivo; si los gamonales pierden el voto cautivo es posible que no sea elegidos; si no son elegidos se les acaba la robadera; si se les acaba la robadera tendrían que ponerse a trabajar de verdad; si tuvieran que trabajar en el mundo real (el de los resultados) no durarían ni 3 semanas en un empleo y, al final, terminarían ocupando el lugar que realmente merecen: serían habitantes de calle.

Resulta que tengo una propiedad en un municipio muy lejos de donde vivo. Esto no debería ser una rareza en un mundo globalizado. Al final no debería parecernos raro vivir en Bogotá y tener una casa en Envigado pero pues a los frutos de la educación los pusieron a hablar de desigualdad, oligarquías, fascismos y demás. Pero no, no es así, lo que pasa es que en estos zancuderos de mierda pensamos en pequeñito: la casita, la papita, la bicicletica, la camita, la sopita…

En fin, el asunto es que debo hacer un movimiento empresarial con esa propiedad y necesito algo que aquí llaman paz y salvo de impuestos. ¿Ah? ¿No sería suficiente con la factura de pago del impuesto? Pues no, mi cielo, la Justicia Social demanda que si usted quiere demostrar que pagó el impuesto debe pagar otro impuesto. ¿No es maravilloso? Bien, pues pago el otro hijueputa impuesto para demostrar que ya pagué el impuesto.

El problema es que al entrar en la web de la alcaldía del municipio donde se encuentra la propiedad sí existe un link para gestionar el paz y salvo de impuestos. El problema es que es un link cosmético pues lo único que permite es generar una factura, no pagarla. Al generar la factura sale un letrerito chiquitito que dice que la factura debe imprimirse en una impresora láser, pagarla en una sucursal física del banco y, aquí viene lo mejor, debe enviarse el comprobante vía correo electrónico al burócrata encargado para que, en X días hábiles, genere el paz y salvo.

La otra opción es hacer el trámite presencial. Viajar 400 Kms., para sacar un documento que se imprime en 7 segundos. ¿No es maravilloso el trópico?

¿De dónde me saco una impresora láser? ¿Me la va a subsidiar el gobierno? ¿Me la saco del culo? ¿Por qué debo hacer tantas cosas incómodas para que un político se pueda seguir comiendo a la hermana del asqueroso burócrata? ¿Por qué no puedo simplemente demostrar que pagué el impuesto con la factura pagada del impuesto? ¿Por qué debo salir de mi casa, gastar 1 galón de gasolina y pagar estacionamiento para pagar un documento redundante de U$10?

Los mamandurrios, la feligresía del Estado, desde luego defenderá esta abominación. Ellos son el verdadero problema. Dirán que gracias a esos U$10 que debo pagar (de la forma más ineficiente) es que Néstor puede hacerse el tratamiento hormonal que no necesitaría si de verdad fuera una mujer; que gracias a esos U$10 es que las personas pueden estudiar mierdas sin demanda laboral como sociología, lenguas muertas y restauración de soretes; dirán que gracias a esos U$10 es que se pueden financiar deportes que no necesitarían financiación si fueran apetecidos por el público.

Y tú, cabronazo de mierda, léeme bien: si te gusta mucho el ajedrez subacuático juégalo todo lo que quieras pero no me obligues a pagarlo. Madura ya Parásito malparido.

Temas: Libertario, Personal
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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