Héroes del Silencio

No soy un gran fan del rock en español. Creo que, en términos generales y salvo puntuales excepciones, se trata de un sonsonete una música parroquial, provinciana, muy lejana de su equivalente anglo. Sin embargo, hay una banda que considero se encuentra al nivel de las mejores bandas de rock de la historia. Esa banda es Héroes del Silencio.


En mi humilde opinión, pues no soy ni de lejos un melómano, las letras de Heroes del Silencio se encuentra al nivel de Led Zeppelin y The Doors. Aclaro nuevamente que me refiero a sus letras aunque musicalmente tampoco tengo reproche alguno. Pero son las letras de Héroes del Silencio las que me mantienen escuchándolos 30 años después de haberlos conocido.

30 largos años (o un poco más) en los cuales he encontrado en las letras de Héroes del Silencio muchísima identificación. Algunas veces coincidencias tan pero tan exactas que parecieran escritas por alguien que estaba sufriendo pasando por lo mismo que yo he pasado en algunos momentos aciagos de mi vida.


La herida.

Una de mis canciones favoritas de Héroes del Silencio es La herida. Se encuentra en el álbum El espíritu del vino de 1993. Esta canción, en mi opinión, narra lo que vive una persona atrapada en aquello que Jacques Lacan llamaba «el síntoma»: esa conexión entre inconsciente y pulsión que designa una falla en el funcionamiento y que devela una verdad que debe descifrarse.


Siempre es la misma función, el mismo espectador / El mismo teatro, en el que tantas veces actuó / Y perder la razón en un juego tan real / Quizás fuera un error / Cúrame esta herida, por favor.

Esta persona que se encuentra atrapada en la repetición. Interpretando un papel que no entiende, en un escenario creado por él mismo. Esa repetición lo atormenta pero no puede detenerse. Una poderosa fuerza lo impele a continuar haciéndolo hasta perder la razón. Piensa, o más bien lo sabe, que es un error. No obtiene de ello más que sufrimiento, goce (jouissance) desde la semántica lacaniana que no es placer (plaisir) sino que lo sobrepasa y se convierte en dolor.

La estrofa termina pidiendo ayuda porque no puede solo. «Cúrame esta herida, por favor». Cúrame, le habla a otro, o Al Otro. Pero, ¿a quién? A cualquiera que pueda sanar el trauma que, como dice Gabor Maté, no es el evento en sí mismo sino que es La Herida que surge como respuesta al evento. La herida no es el corte en la piel sino la cicatriz que queda para recordarnos que allí ocurrió pero cuando se trata del ser sufriente muchas veces esa cicatriz duele tanto o más que el corte que la creó.


Héroes del Silencio.
Héroes del Silencio.

Bendecida I y II.

También del álbum El espíritu del vino, las Bendecidas I y II son canciones que nos llevan a perdernos en el duelo, a retorcernos en el dolor de la pérdida. Son canciones que, en mi opinión, describen el «pasaje al acto» aquel concepto psicoanalítico que denota un acto súbito, impulsivo y autodestructivo que rompe con la escena simbólica, llevando al sujeto a un corte real, una acción que pone en peligro su vida y lo saca de la realidad de forma irreversible.


Agrio es el sabor de la noche en abandono / Será el día en que inicie el retorno / Me estorba la memoria / Los sentidos me distraen y se equivocan.


La soledad del abandono autoimpuesto. La única opción que tiene el sujeto sufriente es la soledad pues aquello que le ocurre no puede ser puesto en palabras que un otro escuche. Por eso el dolor se convertirá en actos. Y ese será el día que inicie el retorno. ¿El retorno a dónde? Al lugar de donde venimos, en donde estuvimos antes de ser: la nada absoluta, el no-ser. Los sentidos, la conexión con el mundo físico ya no le sirven pues se equivocan. Por eso deben ser anestesiados, anulados. Este individuo es Ben Sanderson dejándose morir en Leaving Las Vegas.


Cuando abandones tu sueño / Sabrás que has muerto / Y los gusanos siempre están hambrientos / Oriente no cree en el sarcasmo / Que antaño nos gobernó / Soy el león domado…


Cuando escucho esta estrofa pienso en Segismundo diciendo «que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son». Pero en particular me viene a la memoria la siguiente parte de su monólogo: 

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!

¿Viviremos en el engaño? ¿Y será entonces la muerte el abandono del sueño, ergo el fin del engaño, ergo la única realidad posible? Y termina la estrofa diciendo que es un león domado, un león sin voluntad, un gatito inofensivo obligado a cumplir la voluntad de un amo. ¿Quién es entonces el amo? ¿El trauma? ¿Aquella fuerza que nos lleva a la noche en abandono?


Algo que no me han consentido / Y que ahora busco entre tus huesos / Algo que desde tan lejos / Creí que no era / Creí que no era mi estilo.


Consentido, permitido. ¿Qué fue aquello que no se nos permitió y creemos poder encontrarlo cuando todo termine y solo queden los huesos? Y después nos habla de algo lejano, lejos. ¿Se tratará de lejano en la distancia o de algo lejano en el tiempo? La respuesta parece estar en la estrofa anterior cuando dice: «Y de la tierra perdida en la infancia / Al mundo perecedero». ¿Qué perdimos en la infancia que nos llevó a un mundo que se pudre? ¿Y qué no era su estilo? ¿Será acaso algo que cuando éramos niños creíamos que nunca íbamos a hacer y ahora es el rector de nuestras vidas?

Sé que el artista le hizo a su novia Bendetta Mazzini una promesa en los lagos de Pokhara y quizás de ello vaya la letra para él pero las canciones de Héroes del Silencio suelen tener más de un significado. Esa es precisamente su magia.


Culpable.

De todas las canciones de Héroes del Silencio Culpable es, de lejos, mi favorita. Esta canción es dolor puro, resignación, la entrega sin resistencia, abnegada, a lo que ha de ser y tarde o temprano será.


Silencioso como una sombra / No hay experiencias vetadas / Por las salas de los consejos / Que habitan las alimañas.


Una vez más: es silencioso porque aquello que le ocurre no puede ser puesto en palabras. En su lenguaje no existen las palabras que lo puedan explicar. Este sujeto ya no tiene límites, las alimañas, que posiblemente sean las normas, la moral, las leyes y la cultura, ya no pueden prohibirle nada porque ya no hay forma de castigarle. ¿Con qué lo van a coaccionar las alimañas si su dolor es superior a cualquier castigo?


Y aquel rasguño se me abría / Y ya tardaba en cicatrizar / ¿Te quedarás, mi pesadilla Rondándome al oscurecer?


Vuelven las heridas que no cierran, el trauma que no desaparece aunque el evento ya no esté ocurriendo y vuelven también los sueños que para este sujeto siempre son pesadillas. El individuo le pregunta a su pesadilla: ¿te quedarás? No tiene control sobre ella. Es el «¿Hasta cuándo?» que en momentos de desesperación todos nos hemos preguntado sin que nadie responda porque la única persona que tiene la respuesta es la misma que pregunta.


Ir más allá de lo permitido / Por los fluidos que recorren el cuerpo / Renunciarás a las costumbres / Y, sometidos, la procesión irá por dentro.


Transgredir los límites que la fisiología nos impone. Es la escena final de la obra que se interpreta en La Herida. El pasaje al acto definitivo e irreversible porque si ignoramos los límites que nos impone el cuerpo desaparecemos. Este individuo ha renunciado a las costumbres, que son la ley, y se ha entregado a la pulsión. Ha sido sometido por un dolor que solo él conoce pues está por dentro.

Aquí las prácticas han dejado de ser recreativas y se han convertido en coqueteos con la muerte. El sujeto quiere ir más allá de lo que la autoridad de su cuerpo y de su mente le permiten. Una copa más, una línea más, un miligramo más para sentir nuevas cosas, para enloquecer o para desaparecer que son, en su juicio, sus únicas opciones.


Y las palabras necias / Me dejaron sordo / Y a lo aprendido en la escuela / Me negaré… Del todo.


Ya no puede escuchar porque para él los significantes del otro carecen de significado. Son solo ruidos. «No estés así», «No sufras más», «Ánimo». Sonidos sin sustancia. Palmaditas que no consuelan. Él ha renunciado a lo aprendido porque ya no le sirve la doctrina y solo quiere que todo se acabe, que todo se apague. Lo único que él teme es que una vez que todo termine su pesadilla lo siga al otro lado: ¿te quedarás mi pesadilla rondándome al oscurecer?



Flor Venenosa.

Ahora quisiera hablar de Flor Venenosa. Esta canción es del álbum El mar no cesa de 1988. De su temática es quizás la pieza más explícita de la banda. En esta canción Héroes del Silencio evita los eufemismos y va directo al grano.


No encuentro palabras para decirlo  / Y a veces siento  / Que el pensamiento /Es un idioma de signos sin sentido.

Lacan decía que el incosciente está estructurado como un lenguaje. Pero ese lenguaje no es necesariamente el lenguaje de las palabras. Al igual que en las canciones anteriores, esta persona no encuentra palabras para decir lo que le ocurre. En su lugar, solo puede ver símbolos que no puede interpretar.


No siempre entiendo qué sucede conmigo / Zarandeándome voy / Hasta que caigo / Terriblemente borracho.

En esta escena recurrente el sujeto no entiende por qué hace lo que hace. Solo sabe que encontró una forma para dejar de sentir y es mediante la intoxicación, mediante la embriaguez. Y no se trata de una embriaguez moderada, por el contrario, es un nivel de intoxicación que lo lleva a perder el control hasta que cae terriblemente borracho. La siguiente estrofa revela sin ambages el propósito de intoxicarse.

Tan solo déjame estar / Un momento a solas / Tan solo déjame en paz / Este intervalo de tiempo / Que siempre he estado perdiendo / Quizás en este precioso momento / Pueda ser / Como tú, como tú, como tú, como tú.

Nuevamente aparece en escena la soledad. El sujeto no quiere compañía porque nadie tiene la pieza que le falta. Para él no existe esa cosa llamada completud. Él sabe que está desperdiciando su tiempo, que es su vida. Sin embargo, ese momento en que pierde su tiempo y su vida es precioso porque puede dejar de ser él y, al menos mientras dure la embriaguez, puede ser otro. ¿Por qué más nos permitimos el malestar de la intoxicación si no es porque obtenemos de ella el alivio de dejar de ser (mientras dura) nosotros mismos?


Prefiero explotar de tanto alcohol / Con tu jarabe de flor venenosa / Y vender a una madre / Por otra copa.


Aquí la canción nos sumergé en el fondo más profundo: vender a la madre por otra copa. ¿Se referirá a la madre física o será una metáfora del origen? ¿Querrá decir cambiar nuestro origen por cualquier baratija porque cualquier cosa es mejor que la realidad? También me llama la atención que no dice vender a mi madre sino vender a una madre. Y si no es la madre del sufriente, ¿entonces la de quién?


Sangre hirviendo.

Termino el post sobre Héroes del Silencio con Sangre hirviendo. Esta canción es un grito de auxilio y lo dice. Cada estrofa de esta pieza nos habla del dolor interno innominado que muchas veces sentimos.


Pierde el cielo equilibrio / Cae derrumbado encima de ti / Escóndete un mundo, que nadie lo vea / Cierra las puertas y espera / Ha llegado tu hora / Y dudo que alguien merezca / Un segundo así…
¿Duele el dedo en la llaga? / Contempla el vacío desde este rincón / Muérete a solas, nadie te enseña / Cierra las puertas y espera / Ha llegado tu hora / Y dudo que alguien merezca / Un segundo así…

Escóndete un mundo (tu propio mundo) que nadie lo vea. Me hace pensar nuevamente en aquella procesión que va por dentro. El dolor que nadie conoce. La letra nos habla de un dolor tan pero tan profundo que el artista duda que alguien sea merecedor de sentirlo al menos por un segundo. Es tan intenso el dolor que sentirlo por un segundo es insoportable.

Después pregunta si duele el dedo en la llaga. Para mí es una clara alusión al sinthome (nuevamente Lacan) del sujeto sufriente que repite una y otra vez su dolor porque aunque lo destruye también halla en él un poco de regocijo. Al contemplar el vacío piensa en terminar con todo de una buena vez. Quizás así desaparezca el dolor salvo que, como teme en otra canción, la pesadilla lo siga al más allá.


Burbujas de sangre hirviendo / Caen dentro de tí / La sordera que fue mi alimento / Burbujas de sangre hirviendo / Caen dentro de tí / Que alguien le grite al viento / ¡Puedes contar conmigo! / ¡Puedes contar conmigo!

A pesar de que la sordera lo alimenta, es decir lo mantiene con vida, él guarda la esperanza de que alguien, un otro, profiera unas palabras que sí signifiquen algo: «puedes contar conmigo». Esta esperanza es vacía, como el vacío que contempla desde un rincón, pues sordo como es, serán palabras al viento. Por mucho que el otro las grite nunca le llegarán.


Oculta el más estimado tesoro / Quien no guarda un secreto no es de fiar / Escóndete un mundo y que nadie lo sepa.


Su secreto es su tesoro, su tesoro es su mundo y nadie debe conocerlo. Nadie puede saberlo porque entonces, como dice al principio de la canción, el cielo perdería el equilibrio y caería derrumbado encima de ti. Es preferible morir a solas antes que revelar la ubicación del estimado tesoro, que es su secreto y también su dolor.


A los maestros Juan Valdivia, Joaquín Cardiel, Pedro Andreu y a otros que colaboraron con Héroes del Silencio muchísimas gracias por esos pocos pero profundísimos álbumes llenos de significados que nos regalaron. Algunos los seguimos escuchando a pesar de las décadas que han pasado.

Y a ti, Bunbury, hijo de puta, gusano insignificante, mezquino, mequetrefe, pelmazo, payaso pusilánime, destruiste una banda casi perfecta para dedicarte a berrear tus pendejadas intrascendentes. Lo único que te falta es hacer el cover de «Si tu novio no te mama el culo». Espero que no te quedes mirando el vacío, espero que saltes. Cabrón.

Temas: Personal
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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