Las manos blandas

La semana anterior los mercados financieros se sacudieron con violencia. El índice de miedo y codicia llegó a 10, advirtiendo el pánico de las masas. Los Youtubers y otros especímenes de la fauna estulta berreaban, por quincuagésima vez este año, que todo estaba perdido y las manos blandas, esos seres hermosos que nos pagan las cuentas, salieron a vender sus posiciones con pérdidas.

Pero no hubo tal crash. O al menos no por ahora (ojalá lo haya para acumular títulos valiosos con descuento). Lo que hubo fue un barrido natural del mercado. Los débiles, las manos blandas, salen asustados y empobrecidos; los fuertes se quedan, celebran y se enriquecen. Es la dinámica normal del mercado y de la vida.

Esto ocurre porque el mercado es un inmenso organismo vivo que se purga a sí mismo cada cierto tiempo. Susceptible como es a los acontecimientos, cualquier sospecha, noticia o rumor activa los mecanismos de homeostasis que limpian la casa y reestablecen el equilibrio: las celulas buenas se quedan, las células defectuosas son fagocitadas y desaparecen.


Las manos blandas


Y las células defectuosas son las manos blandas. Aquellos individuos que piensan que los mercados son una autopista a la riqueza cuando en realidad son angostos caminos de tierra por donde debemos transitar muy despacio si queremos llegar a destino. Acelerar en estas trochas romperá la suspensión y nos sacará de la carrera.

Los medios, el cine y, desde luego, los influencers, han caricaturizado los mercados financieros representándolos con una serie de situaciones ridículas que nada tienen que ver con la realidad: inversionistas en la playa operando desde sus laptops con margaritas y martinis al lado o chiquillos exitosísimos (según ellos mismos) posando junto a autos de lujo. Mierda y más mierda para vender boletos de cine o algo muchísimo peor: cursos.

Pero no hay tal. Los inversionistas no compramos y vendemos activos desde una silla reclinable con los pies descalzos sobre la arena blanca de Cala Goloritzé. Eso solo existe en las pueriles cabecitas de las manos blandas. Lo que hacemos es sentarnos en nuestras casas u oficinas frente a una computadora común y corriente a leer PDFs llenos de textos y números aburridísimos que nos ayudan a tomar decisiones.

Leemos, leemos y seguimos leyendo tratando de entender por qué sube o por qué baja un activo o un valor. Esta vez fue por el carry trade y la posible negativa de la FED a bajar las tasas en las próximas semanas; el anterior remezón fue porque Trump rebuznó que le iba a subir los aranceles a China y el siguiente será por cualquier cosa grave o superflua que las manos blandas interpreten como el fin del mundo.

Tras analizar este sacudón decidí invertir en unos activos que creo tienen un margen decente de seguridad en el mediano plazo: Ethereum y Solana. ETHER por debajo de USD 3.000 y SOL por debajo de USD 150 se me hacen atractivos. BTC lo sigo comprando cada vez que puedo pensando en el muy largo plazo y ahora que estuvo en los niveles de USD 78.000 – 82.000 se me hizo irresistible. ¿Pueden bajar más? Desde luego. Otro sacudón y veremos a BTC luchando contra el soporte de USD 74.000 y allí tendremos otra oportunidad de acumular más satoshis.

Al final debemos agradecerle a las manos blandas pues sin ellos sería muy difícil construir riqueza en los mercados financieros. Son ellos quienes con su cobardía gallinácea aportan la liquidez que los mercados necesitan para fluir y premiar el mérito. Me conviene mucho que sigan viendo videos de chiquillos alcornoques jugando a la bolsa y tomando sus cursos de mierda.

Temas: Bolsa, Cripto, Inversiones
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

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