Una Internet pequeñita

Para miles de millones de personas Internet es Facebook, TikTok e Instagram. Es decir que para billones de personas alrededor del mundo Internet es un basurero hediondo donde, inexplicablemente, ellos retozan a gusto. No obstante, hay una Internet pequeñita que sí aporta valor, no usa los datos de sus visitantes como mercancía y no contiene algoritmos embrutecedores.

Esa Internet pequeñita está hecha por los mismos usuarios, no por grandes equipos de ingenieros que no permiten a sus hijos visitar su magna obra y está conformada por sitios web que no monetizan o, en el peor escenario, que recaudan apenas lo justo para cubrir sus costos de existencia: hosting (si lo hay), dominio (si lo hay) y los galones de café que toma el webmaster.

Usuarios que saben cocinar y enseñan a hacerlo; programadores que enseñan a escribir código; inversionistas que enseñan a elegir un activo o simplemente personas que quieren compartir sus pensamientos con el mundo. Todo cabe en la Internet pequeñita sin pretensiones económicas ni ambiciones de fama y grandeza.

Esa Internet pequeñita de la que hablo era Internet a secas antes de que llegaran los acaparadores de atención y los secuestradores del tiempo con su scroll infnito. Antes de que la septuagenaria tía Eduviges pasará el día entero en Facebook (de todas la cloaca más puerca) embruteciéndose con frivolidades preseleccionadas por Incordio hubo una Internet conformada por concreciones: buscábamos un tema, lo encontrábamos, lo descargábamos o lo imprimíamos y seguíamos con nuestra vida sin perdernos entre mierda intrascendente y modificadores de conducta.

Esa Internet de antaño estuvo a punto de morir. Estuvo en coma pero sobrevivió y aquí estamos todavía haciendo blogs personales sin prestarle atención a las métricas. ¿Qué más da si nos visitan cien o cien mil si no estamos vendiendo nada? Que se preocupen ellos que deben presentar resultados trimestrales a los accionistas. A nosotros lo único que nos preocupa es que se acabe el café.

Para quienes nos importa un culo lo que pase en las redes sociales la Internet pequeñita es un oasis. Aquí nos refugiamos de los bautizos, las bodas, los viajes, los grados, las selfies, las reuniones de egresados y toda esa mierda insufrible que ellos llaman vida pero que es dependencia emocional y ostentación patética. Aquí en este diminuto rinconcito virtual estamos a salvo del virus de la estulticia.


Existe un sucio plan para adueñarse de la vida / y se joderán / viven alucinando con dominar nuestros días / y no lo lograrán / quieren tenerlo todo y convertirlo en porquería / en su suciedad / intentan convencernos de estúpidas fantasías / y quién les creerá…

Me sublevo a esta mierda que no cuenten con mi vida / que nunca la tendrán / no crean que a su guerra entregare mis alegrías / y mi dignidad / fracasaste con tu plan te quedaste sin salida / debes escapar…

I.R.A. Sucio Plan.


Esta Internet pequeñita es nuestra. No permitamos que se contamine con la ignorancia autoimpuesta de las redes sociales y los medios corporativos. Que sigan ellos allá con sus memes, sus chismes de farándula, sus indirectas y, en fin, con esa grotesca puerilidad que los encadena, los animaliza y los enajena. Mantengamos nuestro oasis limpio de basura comercial, de algoritmos y, por supuesto, de homúnculos. Sigamos siendo blogueros independientes hasta que se acabe la vida o hasta que se acabe la plata.

Temas: G33ks, Minimalismo
J. Inversor

Escrito por:J. Inversor Otros posts del autor

Hackear es un acto noble y altruista porque trae a la existencia la multiplicidad inagotable de todos los códigos, sean naturales, sociales, computacionales o poéticos.